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martes, septiembre 18, 2007

Y pienso

Pienso en la vergüenza, en las explicaciones, pienso en todos aquellos quienes me gustaría que no conocieran este rincón pero dieron con él, pienso en quienes perdí por esconderme, por no sentirme mirado. Pienso demasiado, porque no he dejado de sentir pero tuve que guardarlo. Y pienso que no pensaré tanto, que quien no quiera leer que no lea, que todo me da igual. Pienso en fin que siento demasiado demasiadas veces y pienso que no quiero tragármelo siempre. Y quiero.



Este gorila estaba así cuando lo ví en el zoo de Santillana allá por marzo a través de mi cámara y me recuerda mucho a mí mismo ahora. Demasiado tiempo sentado mirando alrededor, pensando en qué verán los demás. ¿Pues qué coño van a ver? Un gorila sentado en su palo, en su pequeño y ridículo mundo, preguntándose cuánto les importa a los demás algo que realmente no les importa nada. Ya lloraré después, cuando me caiga de mi cómodo y seguro pero pequeño y ridículo poste . Allá voy. Os echo de menos, y echo de menos algo de mí.

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Hay que hacer algo, pero no pensar en hacer algo (Francis Picabia)

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domingo, diciembre 24, 2006

Algún rayo de sol

Llevábamos demasiados días ya, demasiados fríos para Santander. Y grises, cuando no negros. Y lluviosos. Y llevo (demasiados ya) días con el corazón frío, con la mente dormida. En medio pasó mi cumpleaños y un verdadero montón de gente, de muchos lugares, demostrando más cariño del que puedo merecer. Lo cual uno nunca sabe si es bueno - por aquello de no estar solo - o malo - por el peligro de decepcionaros a todos.

Pero también algún rayo de sol, como el que hoy, veinticuatro de diciembre, ahora a las cuatro menos cinco de la tarde, calienta mi camisa y mi cuerpo a su través. Y algún rayo de sol más calido aún, como algún rato con buenos amigos y sin caretas ni compromisos, sólo con risas, angustias, abrazos y siempre con el corazón en la mano. Y otros, como los ángeles que respiran plácidos - plácidos en este momento - en la habitación de al lado.

Ahora, mientras escucho a John Gorka y su Thorny Patch, mientras el sol calienta mi camisa y mi piel a través del cristal de una ventana que mira al sur en la casa que me pude comprar, mientras tomo un café tibio y tranquilo pienso que no tengo derecho a estar triste. Voy a salir a la calle, voy a salir de mí. Y esta nieve se va a derretir con el calor de las personas a las que quiero. Con el vuestro.


Dice Tee, un amigo en Caedes, que "hay cosas que pasan por este mundo sin que nadie nunca las vea - vienen y van -, sin dejar rastro de su existencia; intenta mirar con tu corazón y sigue esa luz - puede que algunas cosas preciosas simplemente se asomen". La foto y la composición de aquí son suyas.

PD: a todos los que pasáis por aquí, escribáis o no, comentéis o no, sepa vuestros nombres o los ignore, y especialmente a Ona, de la que no sé nada hace tiempo, Gloria, Eva, Soldado, Ideas, Odel, C.A., Mar, luna; muy especialmente y aunque no le guste la Navidad, a Beyo (volverás a subir, pajarillo, te lo prometo), y con todas mis pocas fuerzas -que te las mando - a Patus: quiero que sepáis que os deseo una feliz Navidad (sí, también la Navidad) y, si no puede ser feliz, sí al menos algún rayo de sol de estos que me caen ahora. Y que aunque no lo demuestre - a veces porque no puedo - os tengo presentes por no se sabe qué curioso resorte de la cabeza o del corazón; me habéis robado un trocito y os echo de menos cuando no estáis.

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Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año (Charles Dickens)

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sábado, noviembre 25, 2006

Revolviendo en una caja de fotos antiguas

La abuela Marina, para mí, son mimos y azotes en el culo, abrazos intimísimos, manos protectoras, alguna riña severa. La abuela Marina es aroma de galletas hechas con las natas de la leche recogida en ollas en el pueblo, olor a croquetas de jamón como nadie las hizo jamás; partidas de parchís y cenas de Navidad alrededor de una mesa enorme. Es carreras por un pasillo infinito y oscuro que lleva desde un salón de madera en un extremo del piso a una cocina de las de antes, con despensa en cuarto anejo. La abuela Marina es el recuerdo de la ilusión de las vísperas de Reyes, mirando la cabalgata de Sus Majestades pasar bajo la ventana del comedor. La abuela Marina, para quien yo fui gusanito, también ganso del capitolio y pozo sin fondo. Cariño, amor, calor, ilusión.



Estos somos mis hermanos y yo en su casa, en la única foto con ella que conservo en papel - en el corazón guardo muchísimas más -. Hace años que murió y nunca sentí que se hubiera marchado del todo; menos aún ahora que soy padre y veo a los míos ejercer de abuelos. Ahora entiendo mejor cómo me pudo querer, de una manera que para mí era imposible concebir entonces, cuánto hizo por mí, cuánto le debo agradecer. Recuerdo como si fuera ayer su funeral (cuánto hará de aquello, ¿diez años? ¿quince? ¡Dios mío, cómo pasa el tiempo!), a mi hermana mayor, una mujer, llorando como una niña otra vez, a mi lado, volviéndose a mí sin saber qué decir ¡tanto fue siempre para nosotros! Y me recuerdo cogiendo su mano y diciéndole que no llorara y echándome a llorar yo, como un niño también.

La abuela Marina es el regazo de a quien acudo cuando soy un bebé y tengo miedo, quien me riñe fingiendo enfado cuando soy un niño y a hurtadillas me cuelo en su despensa a robar, a quien corro con cualquier edad cuando quiero que me cuiden; es quien, cuando tengo veinte años, le dice a mi novia que tenga cuidado conmigo, que soy un ganso y la haré llorar... ¡cuando se la estoy presentando!. Y después le cuenta mil maravillas sobre mí.

La abuela Marina me conoce, ve a través de mí y me quiere como soy, a pesar de lo que soy. También ahora, desde el Cielo. Y siempre, siempre, huele a galletas de nata.

Un beso, abuela.

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Los abuelos son los ángeles de los nietos (Martin Breton)




Ya' know that old trees just grow stronger,
And old rivers grow wilder ev'ry day.
Old people just grow lonesome
Waiting for someone to say, "Hello in there, hello."

So if you're walking down the street sometime
And spot some hollow ancient eyes,
Please don't just pass 'em by and stare
As if you didn't care, say, "Hello in there, hello."

viernes, octubre 06, 2006

Derrotado

A veces uno se queda seco, consumido. Exhausto, extenuado, como muerto. Y el corazón a duras penas late e impulsa la sangre - más por inercia, por costumbre, que otra cosa. El cuerpo se rinde y se desploma, se derrama casi por los suelos. Y el espíritu se esconde y parece ausente, huído, retirado. A veces no quedan fuerzas para nada más que para seguir vivo apenas, con los sentidos entumecidos y el alma aletargada, aislado como el niño en la matriz, como la momia en su sudario, como la tripulación muerta de un submarino a la deriva.


...

Necesito respirar y revivir. Necesito descansar. O me secaré del todo.


(la fotografía es obra de xandert
, que sabe que está aquí, y está disponible en morguefile - conforme a los términos de uso previstos en su licencia)

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El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados (Albert Einstein)
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lunes, octubre 02, 2006

Luna:


- Luna, ¿por qué te escondes?
El Sol se va.
...
Luna, ¿por qué lloras?

- Qué más da

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No se ha llegado aún al colmo del dolor si quedan fuerzas para quejarse (Caballero de Bruix)
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jueves, septiembre 28, 2006

¡Vaya viaje!


"La vida no es un viaje hasta la tumba con la intención de llegar sano, salvo y bien conservado sino más bien de caer en ella con estrépito, completamente gastado, exprimido como un limón y exclamando en voz alta:
¡UAU, vaya VIAJE!"

(la imagen, que merece la pena contemplar a tamaño completo, es obra de Joseph - Jojomercury - y la idea de añadir el texto ahí es de Patty - ResDesOK -, artistas que conocí en Caedes y que han dado su permiso para reproducir aquí su obra; lamentablemente no encontré a nadie que pudiera poner en palabras castellanas ese pensamiento así que lo tuve que traducir yo como buenamente pude)

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Hoy no va a volver, mañana no tardará en pasar. No esperes. No corras. Vive. Vive cada instante. Apura hasta la última gota. No se repetirá jamás. Y si has de ser feliz, has de serlo ahora: "ahora" es el único momento que existe.
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domingo, septiembre 24, 2006

El sol

(escuchando Night Train de Amos Lee)

Hoy me he levantado alegre y el sol brilla alegre también y sus rayos de alegría caen alegres sobre mí. Y siento la sonrisa alegre de los ángeles del cielo y la sonrisa de los ángeles de la tierra. Y mi sonrisa alegre en mi boca. El aire se mueve despacio, fresco, entrando alegre por mi ventana mientras escribo esto. Siento cerca a los que me queréis, haga minutos o años que no os veo, siento cerca a quienes no me conocéis, siento paz y siento ganas de sacar esta alegría fuera de mi corazón y lo único que no me alegra ahora es la incapacidad de llevar con mis manos un puñado de esta alegría tranquila a quien no la tiene hoy.

A vosotros, los que me veis y los que no, los que sonreís con mi sonrisa, dedico esta alegría y esta paz. Porque vosotros la haceis crecer en mí. Cogedla, atrapadla en vuestros corazones y así cuando se me escape, cuando huya de mí, podréis volver a sembrarla en el mío como siempre haceis.

Abrazos alegres.

(la preciosa fotografía es obra de d0dg3 y he tenido la suerte de encontrarla en morguefile
hoy que estoy alegre; a ambos las gracias y, por ser hoy, una sonrisa)

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La mitad de la alegría reside en hablar de ella (dicen que es un proverbio persa, supongo que porque queda mejor eso que decir que es chino, como todos ;-) )

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viernes, septiembre 22, 2006

Acantilados, teléfonos, estrellas, ángeles

Hay mejores fotografías, mejores fotógrafos, composiciones mejor compuestas y horizontes más horizontales. Pero no hay otro mar como mi mar, el mar en el que descansas ahora, el Cantábrico.

Al borde de otro acantilado parecido a éste estuvimos hablando hace poco más de dos años y de quince kilómetros, antes de que te fueras, y desde entonces cada uno me recuerda más a ti y me hace más presente que no estás.

¿Lo recuerdas? Yo había salido de trabajar. Era viernes, como hoy, a esa hora mágica entre la tarde y la noche. De hecho, tú estabas en Barcelona, en casa - te habían dado permiso para escaparte del hospital creo que por ese fin de semana - y allí ya había anochecido. Yo, al borde de un acantilado en Cuchía, sobre la playa de los caballos, te contaba cómo la luna jugaba con la primera estrella que había aparecido sobre un cielo violeta aún atardeciendo, cómo iba persiguiéndola sobre un mar cada vez menos azul y cada vez más negro. Me había quedado solo y quise compartir contigo aquella maravilla que a ti no te dejaban contemplar. Cómo reímos y cómo nos emocionamos sabiendo que quizá no lo podrías volver a ver, pero sin mencionarlo. ¿Lo recuerdas? Nunca agradeceré a Dios bastante que nos regalara esa conversación. Cuántas cosas nos dijimos, con urgencia; con esperanza; como si pudiera ser la última vez. Lo fue.

Mierda. Ahora, mientras escribo esto, las lágrimas asoman a mis ojos y corren por mi cara recordándote - cuando estoy harto de decir que ya no lloro por ti, que ya no lloro tu ausencia, que sólo eres risas y sonrisas para mí; que sé que ahora es contigo con quien juegan la luna y los ángeles cuando se asoman. ¡No sabes cómo te echo de menos! Y sí, sonrío. ¡Pero te extraño tanto!. Y tú mientras te ríes desde el cielo, estoy seguro, y sigues recordándole a Carlos al oído que cuide de mí, que yo no soy tan fuerte. Joder, ¡haberte quedado tú!

Da igual. Te siento a la vez tan cerca. Y cada acantilado me lleva a ti. Y cada risa sincera y cada gesto resuelto. Cada mirada cómplice y cada amigo común. Tenías que ser tú. Fuiste tú siempre la que nos unió a todos, tú la que nos mantuvo juntos y eres tú la que hace que pase el tiempo y cada vez nos necesitemos más. Pasado mañana hará ya dos años que te escondiste y estoy seguro de que nos buscaremos y que nos querremos sentir cerca unos de otros. Como sea. Y será para sentirte a ti entre nosotros.

¡Tengo tantas cosas que contarte, Ana! Y sigo llorando y tengo que hacer pausas al escribir para ver las letras: porque ahora no puedo, porque quizá no debo. Son tantas cosas tan nuestras, tantas tan tuyas... Esperaré. Y espérame tú tambien allá donde estés porque iré. Y del abrazo que te voy a dar, mi vida, esta vez no te podrás escapar. ¡Cómo te extraño!. Eso no lo sabe nadie.




(Ana Rosa Recio Calzada falleció el 24 de septiembre de 2004, día de la Merced, en Barcelona después de dos años enferma, mostrándonos a todos los que la queríamos y a los que hasta entonces no la conocían cómo se lucha contra una enfermedad horrible y dolorosa con valor, con una sonrisa cuando el dolor no lo hacía humanamente imposible y siendo luz de esperanza para los que estábamos sanos y la queríamos. Era una mujer auténticamente increíble, excepcional, supongo que por eso Dios debió querer llevársela a su lado tan pronto. Me considero enormemente privilegiado por haberla conocido y haber merecido un trocito de su corazón como amigo suyo que fui, que soy. Y quiero ahora pedir perdón a todos los que la quieren, a su marido y amigo mío, a su hijo, padres, hermanos, familiares y demás amigos con los que la comparto y a los que tan unido estoy si algo de lo que hay aquí escrito les hiere o les hace sentir mal. Lo hago porque no la olvido, porque sigo recordándola y queriéndola - siempre lo haré - y quizá porque necesito seguir llorándola y sacar esta pena de dentro de mí. Y con todo el cariño del que mi corazón es capaz. Ella lo sabe. Creo que vosotros también)

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Sólo los buenos mueren jóvenes (William Shakespeare)

lunes, septiembre 18, 2006

La tumba del inglés


Una tarde, un buen amigo, un mar de todos los verdes y azules, el viento en mi cara, una mierda de cámara para capturarlo y palabras más pobres y secas que una piedra para contarlo. ¿Por qué, joder, por qué no viniste y lo viste conmigo?

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El mar, siempre el mar
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sábado, septiembre 16, 2006

La aurora austral desde el espacio

Via meneame me encuentro un link a una página de la NASA en la que se puede observar una foto y un vídeo (aquí en baja resolución, aquí en alta) de la aurora austral vista desde el espacio.

Debe ser sobrecogedor ser testigo de esta maravilla en directo desde el suelo, desde nuestro planeta.

Canta el vaquero de Garth Brooks en Night Rider's Lament cuando le llega la carta del amigo lejano preguntándole y preguntándose qué le retiene allí aún, perdiéndose a caballo lo que los demás entienden como "la vida": "ah, but they've never seen the Northern Lights, they've never seen a hawk on a wing..." (quizá, pero ellos nunca han visto la aurora boreal, nunca han visto un halcón volando...).

Ésta no es la aurora boreal, es la austral, pero si me acompañas en el viaje merecerá la pena igualmente.

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¿Qué es lo que llamamos Naturaleza sino un poema oculto bajo una escritura misteriosa? (Schelling)

jueves, septiembre 07, 2006

Evocación

UN VIENTO fresco y joven, liberado
apenas, se dialata por la huerta.
El seto, entre su verde despejado,
templa la luz, indócil se despierta.


Suelta de nubes. Por el encrespado
azul pájaros cruzan en alerta
fugaz. Cantan las hojas. En el prado
la sombra de las ramas ya es incierta.

Va a comenzar. Ahora es cada mata
un manojo de savias incesantes
que los silvestres aires busca y bebe.

¡Pronto, corred! El cielo se desata.
Y un rumor va creciendo por instantes,
húmedo, a lilas golpeadas: llueve.

(Jaime Gil de Biedma)

Acaba de caer la primera lluvia fresca del fin de verano mientras termino de transcribir estas líneas. ¡Qué capacidad de evocar sensaciones, sonidos, olores, tienen las palabras en boca de quienes las saben manejar! ¡Y cómo las palabras a su vez se meten y viven escondidas en nosotros y se asoman cuando menos lo esperamos! Oí las gotas caer a lo lejos, acercándose; percibí el olor dulce de la tierra mojada y estos versos dormidos en la memoria despertaron.

(la foto de la lluvia cayendo sobre el bosque está tomada por taliesin y la he obtenido en morguefile.com, aquí; muchas gracias a ambos)


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Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas. (Miguel de Cervantes)
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domingo, septiembre 03, 2006

La Arnía

(escuchando el disco "In the Heart of the Moon" de Ali Farka Toure y Toumani Diabate)

La Arnía, a pesar de su cercanía a Santander, es una playa salvaje. Son apenas ciento cincuenta metros de arena blanca y fina entre paredes de roca: un acantilado la cierra por un lado, por el otro un muro rocoso de quince o veinte metros de altura que el mar con su infinita paciencia ha ido tallando caprichosamente.


En la Arnía el mar embiste, rabioso por encontrar límites a su vasta inmensidad. Ruge acometiendo la roca. Brama. Y se lamenta. En invierno he visto en la Arnía noches de tempestad, olas furiosas - mar lanzado - abalanzarse y saltar por encima de esas paredes descomunales, la lucha sin fin entre las fuerzas de la naturaleza, entre el azul y el negro, entre la vida y la muerte.

La Arnía mira a mar abierto, al viento del nordeste, que siempre sopla fresco allí. Justo frente a la playa hay un islote escupido del fondo del mar, una falla en la placa tectónica que exhibe sus cicatrices sin vergüenza asomada al cielo azul. Desde la cercana playa de Covachos se puede acceder al islote andando cuando la marea está muy baja. A estas alturas del verano - que ya agoniza como un pez en la cesta del pescador respirando un aire abrasador y hostil -, en septiembre, ya es fácil encontrarse tranquilo allí: no es una playa cómoda para ir (por el desnivel que hay que salvar a pie) ni, a veces, para estar (por el nordeste). A pesar de su belleza salvaje.

Allí me he perdido hoy. He ido solo. Sin nadie salvo mis fantasmas. Sin reloj, sin teléfono. Con la llave del coche, un libro y una toalla. Y mi cita con el mar.

He nadado mar adentro luchando contra las olas de más de un metro con que el mar castigaba la playa. Me he dejado ir hacia el océano, he flotado donde esas olas rabiosas aún son sólo vaivenes en el mar. Me hundí después, sumergiéndome en vertical, buscando herir el fondo de arena con mi pecho y subiendo desesperadamente cuando sentía que ya la cabeza me iba a estallar. O los pulmones. Qué lejos está la luz del sol cuando no hay aire, qué distante el aire donde no hay más que silencio y quietud.

He vuelto a la orilla nadando con urgencia, braceando como si la vida me fuera en ello, huyendo quizá de lo que había dejado en el fondo del mar, de mi mar. Y en la orilla el agua estaba turbia por la arena que las olas batían con saña. Al entrar no lo había notado, algo en mis ojos no me había dejado.

Pero he de volver. Volveré a recoger lo que allí posé, en el fondo frío y tranquilo. El mar, mi mar, me lo cuidará. No temeré.

Y tú, que acaso leas esto, tampoco has de temer.

(desconozco el autor de la fotografía de arriba, la encontré en una página que no lo indicaba. Lo investigaré
. Y sí, es el islote frente a la Arnía)

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Todo se cura con agua salada: con sudor, con lágrimas o con el mar (Isak Dinesen)

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