Mostrando entradas con la etiqueta diario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta diario. Mostrar todas las entradas

domingo, diciembre 24, 2006

Algún rayo de sol

Llevábamos demasiados días ya, demasiados fríos para Santander. Y grises, cuando no negros. Y lluviosos. Y llevo (demasiados ya) días con el corazón frío, con la mente dormida. En medio pasó mi cumpleaños y un verdadero montón de gente, de muchos lugares, demostrando más cariño del que puedo merecer. Lo cual uno nunca sabe si es bueno - por aquello de no estar solo - o malo - por el peligro de decepcionaros a todos.

Pero también algún rayo de sol, como el que hoy, veinticuatro de diciembre, ahora a las cuatro menos cinco de la tarde, calienta mi camisa y mi cuerpo a su través. Y algún rayo de sol más calido aún, como algún rato con buenos amigos y sin caretas ni compromisos, sólo con risas, angustias, abrazos y siempre con el corazón en la mano. Y otros, como los ángeles que respiran plácidos - plácidos en este momento - en la habitación de al lado.

Ahora, mientras escucho a John Gorka y su Thorny Patch, mientras el sol calienta mi camisa y mi piel a través del cristal de una ventana que mira al sur en la casa que me pude comprar, mientras tomo un café tibio y tranquilo pienso que no tengo derecho a estar triste. Voy a salir a la calle, voy a salir de mí. Y esta nieve se va a derretir con el calor de las personas a las que quiero. Con el vuestro.


Dice Tee, un amigo en Caedes, que "hay cosas que pasan por este mundo sin que nadie nunca las vea - vienen y van -, sin dejar rastro de su existencia; intenta mirar con tu corazón y sigue esa luz - puede que algunas cosas preciosas simplemente se asomen". La foto y la composición de aquí son suyas.

PD: a todos los que pasáis por aquí, escribáis o no, comentéis o no, sepa vuestros nombres o los ignore, y especialmente a Ona, de la que no sé nada hace tiempo, Gloria, Eva, Soldado, Ideas, Odel, C.A., Mar, luna; muy especialmente y aunque no le guste la Navidad, a Beyo (volverás a subir, pajarillo, te lo prometo), y con todas mis pocas fuerzas -que te las mando - a Patus: quiero que sepáis que os deseo una feliz Navidad (sí, también la Navidad) y, si no puede ser feliz, sí al menos algún rayo de sol de estos que me caen ahora. Y que aunque no lo demuestre - a veces porque no puedo - os tengo presentes por no se sabe qué curioso resorte de la cabeza o del corazón; me habéis robado un trocito y os echo de menos cuando no estáis.

--
Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año (Charles Dickens)

technorati tags:, ,

miércoles, octubre 25, 2006

Bruce

Es hoy. Hay concierto. Bruce. En mi casa, en mi ciudad. Voy a ir, a olvidarme, a ser otro, a dejarme llevar, a vivir. A bañarme en el río de piedad, a lavarme en el río de rock and roll. A salir fuera de este viejo pellejo, de esta alma rota.

Llévame, Bruce, llévame lejos de aquí. Transfórmame, dame unas alas nuevas, aunque sea por unas horas.

Como siempre haces.

Hasta ahora, compañero.

--
Well the night's busting open
These two lanes will take us anywhere
We got one last chance to make it real
To trade in these wings on some wheels
Climb in back, Heaven's waiting on down the tracks

(Bruce Springsteen, Thunder Road)

(La noche se está abriendo y estos dos carriles nos llevarán a cualquier sitio que queramos. Tenemos una última oportunidad para hacerlo realidad, para cambiar estas alas por unas ruedas: vamos, sube atrás, el Cielo nos espera al final del camino)

sábado, octubre 21, 2006

La música, el whisky, el mundo que se cae (orgía)

(sentido escuchando - metido dentro de - el disco We Shall Overcome, de Bruce Springsteen & the Seeger Sessions Band)

Tengo cerca un vaso de whisky, mezcla de grano y malta. El escocés no está para esto y sólo fue el primero. Y suena la Seeger Sessions Band y Bruce canta y Diego da palmas y baila por su cuenta, alegre, a su aire, antes de que yo me esconda. Y la música me va invadiendo el corazón a la vez que el whisky el cerebro, y los violines suenan y rasgan el aire y el banjo baila y el trombón salta y la tuba los empuja a todos hacia afuera. Es música folk, música gospel, canción protesta, balada, música para bailar. Es todo junto. Y desgarra mis entrañas y fluye y corre y brinca mientras todo mi mundo real se está hundiendo a mi alrededor - o así lo siento -. Y bebo más whisky.

"Fue un viaje de carnaval, el sonido de la sorpresa y por el puro placer de tocar. Música de la esquina de cualquier calle, música de salón, música de taberna, música de lo yermo, de la soledad, música de circo, música de iglesia, música vulgar"

Eso es lo que cuenta Bruce. Es lo que siento yo mientras escucho y mientras intento no llorar abrumado y no reír feliz a la vez, mientras no hace falta que intente sólo mirar ahí para no oír tantas cosas caer y romperse; no necesito intentarlo porque las notas me han levantado en vilo y me llevan en volandas hacia lo desconocido, hacia una tierra de sólo sentimientos, por descubrir, en la que no importa el equipaje que arrastre yo desde mi estación: todo eso queda en el tren y en él se va cuando éste abandona el apeadero dejándome allí.

Y los coros casi aúllan y el piano crepita; las trompetas danzan locas, el contrabajo nos mece a todos y el saxofón quiere hacernos el amor. El acordeón ríe a carcajadas mientras el órgano reza y yo bebo más whisky, con una sonrisa y - ahora sí - llorando, porque no sé si lo que escucho es la música, mi corazón desgañitándose para hacerse oír por encima, la sangre fluyendo por mis venas, el mundo derrumbándose o volviendo a nacer. Lloro hundido y soy feliz y siento ira y me estremezco y me desanimo y me deshago en gotitas de niebla ligera que una brisa desbanda y hace desaparecer.

Prefiero mil veces esconderme aquí, en este mundo imaginario... y tan real a la vez, porque realmente existe fuera y dentro de mí. Y éste no se cae. Sólo se oculta cuando no hay tiempo de encontrar los caminos hasta él, cuando la nieve y la bruma del trabajo y la vida cubren y disimulan los mojones que marcan los límites del sendero que lleva al mundo donde sólo se siente, al universo de la música y la poesía, al orbe del corazón y el whisky.

O sea, casi siempre.

Me sirvo otro. Y escribo esto también en directo, como se guardó la música que estoy escuchando, como (casi) todo lo que escribo. Es la única manera de que se guarde ahí también el corazón.

--
La vida es más excitante que cualquier porro. Sólo hay que saber por dónde fumarla (esto se me vino a la cabeza sobrio; y mejor no meter al whisky en la ecuación. Al menos, no hoy, no más) (gracias, Ona)

sábado, octubre 14, 2006

Este instante

(escuchando Green River, de Elliott Murphy)

Para los que estamos fuera, para mí, es sólo la sobremesa de un sábado soleado. Es el primer sorbo de la taza de café aquí frente al ordenador y junto a la ventana, el segundo instante de tranquilidad saboreando el mediodía del sábado a la espera del resto del fin de semana. Para otro será sentado frente al televisor, viendo el telediario. Para otros más pequeños es uno más de sus intrascendentes instantes felices jugando sin ser conscientes del paso del tiempo.


Y en la calle, bajo mis pies, un frenazo. Y un golpe seco y brutal.

Para él sería quizá el momento de volver de un partido con sus amigos. Quizá el instante de dejar que su amigo Juan, si así se llama, le lleve a casa o, quizá, venían de tomar un blanco e iban a buscar otro en otra barra, en otro bar. Quizá Juan - si así se llama - sólo le estaba enseñando su coche nuevo o quizá era una más de las carreras por el barrio, por el circuito de las rotondas. En todo caso era un buen momento - o lo parecía - en un sábado soleado de otoño.

Pero salieron demasiado rápido de la rotonda. Pero Juan, si así se llama, no había visto el semáforo rojo a diez metros de la salida. Ni al coche parado esperando el verde. Ni él en este sábado soleado y tranquilo de octubre se había puesto el cinturón.

Y vino el frenazo. Y el golpe seco y brutal. Ahora los he visto desde la ventana. Todos están fuera ya, algunos doloridos, otros heridos, todos asustados. Todos están fuera ya salvo él, a quien no se atreven a sacar del coche. Ha llegado la policía y una ambulancia y todos miran y alguno llora y otros se retuercen las manos. Y Juan, si es que se llama así, no comprende nada desde sus veinte años y no deja de preguntarse cómo un sábado soleado y feliz de octubre podía estar la tragedia escondida esperando tras una curva, a la salida de una rotonda. Y él sigue inmóvil, con la cara sobre el salpicadero y nadie se atreve a sacarle.

Yo rezo poco, pero ahora rezo para que no sea éste el último instante que él recuerde como feliz, el último en el que pensó que podía levantarse y salir caminando por sus propios medios. Que no tenga que recordar este instante como el más incomprensible, injusto y traicionero de su vida, el primero que permaneció sentado para siempre, a sus veinte años.

Yo también tuve veinte años y, aunque no la merecí, bastante más suerte que él. O quizá no, ojalá. Quizá a él aún le quede suerte. Por eso rezo.

Era la sobremesa tranquila de un sábado. Ya no lo es.

Ponte el cinturón, por favor.

(esto no es un anuncio de la DGT, lamentablemente. Sólo el reflejo de una sensación provocada por algo que acaba de suceder en este sábado soleado y brutal)

--
No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos (Herman Hesse) (Gracias por hacerme realmente "sentir" esta idea)

jueves, octubre 12, 2006

YGDN

(escuchando Cherub Rock, de Smashing Pumpkins)

¿Escribir la historia de Yagudin? ¿Y qué más? Como si el mundo no fuera ya lo suficientemente peligroso. No ve qué sentido tiene contribuir a empeorarlo. "¡Pero qué tiene eso que ver!", le dice Alice. ¡Pues sí, pequeña, sí que tiene que ver! Tiene que ver con el hecho de materializar pensamientos inconfesables. Tiene que ver con la idea de que la historia de Yagudin puede que oculte otra historia. Tiene que ver con adentrarse en determinadas regiones prohibidas. "¡Pero tendrás derecho a expresarte como quieras, digo yo!", replica Alice. ¡Pues no, pequeña, pues no! Y él conoce bien el derecho. Y también conoce las historias de Yagudin. Todas nacen en el interior de su cerebro. Hay algunas a las que se les puede permitir salir y que se les pueden contar a las niñas y otras que están mejor allí dentro. A veces resulta más prudente renunciar a uno mismo de manera espontánea. En todo caso, es mucho mejor que dejar que los otros tomen la iniciativa por ti.

Nid está en el salón, tumbado en el sofá. Es tarde. Está solo. Siente cómo le va invadiendo una angustia difusa. Mañana empieza septiembre. Tendrá que regresar a la facultad, retomar sus rutinas. Ya tiene la agenda llena. Lo primero que tiene es una entrevista con un estudiante, luego los exámenes, una clase de recuperación, inspección, correcciones, un congreso a final de mes. Tendrá que ponerse el traje y los zapatos nuevos que le ha comprado Alice. También tiene que ir al banco a solucionar el problema con las facturas. Llevar el ordenador a reparar, hacer copias nuevas de las llaves.

Volverá a ser él mismo, o al menos la superficie social con la que todos le identifican. Todo muy soso, muy aburrido, muy correcto y encorbatado.
(de Yagudin o la increíble historia del hombre de las manos agujereadas, de Philippe Ségur)

Ayer comí con una amiga, en su día compañera de estudios y ahora colega de profesión. Fueron un par de horas robadas al trabajo - en realidad cobradas del trabajo con retraso. El día era gris y frío - como era yo ayer - pero la comida agradable y la conversación y la compañía confortables como un sofá viejo. Charlamos de todo y de nada, del trabajo, de política, de nosotros, de los amigos vivos y de los muertos. Nos reímos y nos pusimos serios antes de volver a reir. Después nos despedimos y volvimos cada uno a nuestro trabajo.

Quizá me estoy escondiendo ahí últimamente. Sé que a veces tengo miedo de lo que siento: algo que no identifico, descatalogado y fuera de inventario, rompiéndose en mi interior; algo que no iba a ser capaz de reponer jamás. Sí, me asusto y quizá me escondo en el trabajo y en no parar de hacer cosas, en hacer ruido para no poder oir lo que siento. Y portarme así realmente me aisla pero me vuelve frío, superficial, me hace sentir vacío y solo. Y no estoy vacío ni solo.

Son ratos como el de ayer los que me rescatan en esos momentos, los que me dan valor para parar y buscar al Yagudin de mi interior para encararme con él, para charlar incluso, para invitar al monstruo asesino a un café. Y también algún pajarillo que se posa en mi hombro cuando estoy dormido - aunque pensaba que muerto - y ya ha salido el sol, y pía y se va dejando en el aire su canción y la sensación de que alguien a quien le importa ha venido a buscarme.

Estos cuatro renglones los escribí hace tiempo al pie de una carta para unos amigos y suyo es por tanto. Pero con su permiso me gustaría hacerlo extensivo a todos los demás que, con ellos, inundais mi corazón y sin los cuales sí me puedo sentir vacío. Gracias por llenarme de sentido, gracias por rescatarme de mis monstruos, gracias por darme la oportunidad que ser lo que verdaderamente soy. Nunca os vayais.


¿Y encontrar una palabra
, verbo que luzca y encienda las sombras,
que me lleve hasta vosotros...?


¡Cifra que encierre el secreto!


¿ Voz que acoja lo que siento ... todo?

...

¡Nada!


--
(y esto sin drogarme. Ahora leo lo que he colgado aquí y me da vergüenza pero... ya estoy harto de borrar cosas, ya estoy harto de casi todo)

viernes, octubre 06, 2006

Derrotado

A veces uno se queda seco, consumido. Exhausto, extenuado, como muerto. Y el corazón a duras penas late e impulsa la sangre - más por inercia, por costumbre, que otra cosa. El cuerpo se rinde y se desploma, se derrama casi por los suelos. Y el espíritu se esconde y parece ausente, huído, retirado. A veces no quedan fuerzas para nada más que para seguir vivo apenas, con los sentidos entumecidos y el alma aletargada, aislado como el niño en la matriz, como la momia en su sudario, como la tripulación muerta de un submarino a la deriva.


...

Necesito respirar y revivir. Necesito descansar. O me secaré del todo.


(la fotografía es obra de xandert
, que sabe que está aquí, y está disponible en morguefile - conforme a los términos de uso previstos en su licencia)

--
El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados (Albert Einstein)
technorati tags:, ,

domingo, octubre 01, 2006

¡Qué asco!

Me levanto con resaca de la fiesta de ayer. Un día entero rodeado de verdaderos amigos, algunos a los que no veía por mucho tiempo, por mucha distancia, celebrando y riendo y saltando y bailando. Resaca de alegría y abrazos y camaradería. Me ducho. Es fin de semana: no me afeito. Me meto en mis vaqueros y mi camisa de los domingos, que no es la más elegante sino la más suave y cómoda, una de algodón color malva que saco con vergüenza a la calle por lo gastada que está. Ya tiene la forma de mi cuerpo. Estoy seguro de que si la llamara con un silbido desde la cama acuduría a mí por sus propios medios desde el armario y ella sola me abrazaría y envolvería.

Por primera vez en años he tenido la mala suerte de comer con la tele encendida. He tenido que ver a Acebes y a Zapatero haciendo lo único que parece que saben hacer los políticos españoles: atacar y morder. Y dividir.

Los que se supone que representan a los que trabajamos fuera o dentro de casa, a los que estudiamos, a los que estamos jubilados, los que deben velar por nosotros españolitos de a pie que luchamos por vivir dignamente como personas, por ayudar a nuestros vecinos, a los que madrugamos cada día como verdaderos héroes para tratar de cumplir nuestra obligación - bien o mal, pero en todo caso de la mejor manera que sabemos -, a los que sólo queremos vivir en paz sin hacer daño y no estorbar a las sonrisas de los que nos rodean, a nosotros que sólo queremos de ellos que administren honradamente lo que a todos nos pertenece; esos representantes de las buenas gentes de España, digo, sólo buscan dividir y hacer hondas las heridas en lugar de curarlas o al menos dejarlas cicatrizar solas. ¿Eso es lo que queremos nosotros? ¿Para eso los tenemos ahí? Lamentablemente, para encontrar lo que nos separa no nos hacen falta ayudas.

Estoy harto de ellos. ¡Por mí pueden irse todos a la mierda!

--
El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros (Ambrose Bierce)

technorati tags:, ,

sábado, septiembre 30, 2006

Miedos, sonrisas y escalofríos

Anoche me he sentido solo, muy solo. A veces el corazón juega esas malas pasadas y uno sin saber cómo ni por qué aparece en un estado de ánimo a miles de años luz de donde posaba los pies unas horas antes. Fue un mal rato. Escribí algo. Aquí, en el mismo lugar que ocupan estas letras, hubo otras que intentaron ser una mano tendida al vacío pero que se sentían como si fueran un SOS que se pierde en el espacio exterior antes de que nadie lo reciba. Sí, escribí algo. Después, muy entrada la madrugada, me acosté y tengo consciencia - pero ningún recuerdo claro - de haber pasado la noche dando vueltas peleando con las sábanas, sudando en un duermevela incómodo y sientiéndome extranjero dentro de mi propio cuerpo.

Quizá me desnudé demasiado brutalmente anoche, quizá me avergoncé hoy. Esta mañana temprano cuando me levanté vine directo a este rincón y borré todo vestigio de la noche. Son palabras que se llevó el tiempo para siempre, una nube de letras que la brisa dispersó y no dejaron rastro. Pero sé que no sólo ha sido un mal sueño porque lo que no ha terminado de desaparecer es el regusto amargo de la noche pasada, un algo indefinible que me inquieta y me hacer temer la que se aproxima.

Dicen que al miedo, cantar. Y pienso yo que a la inquitud, sonrisas. Busco alguna en el cajón para compartirla contigo y recuerdo un diálogo que he mantenido con mi hijo mayor docenas de veces desde el primer y brutal escalofrío maravilloso que me hizo sentir una noche. Parece increíble porque él sólo tenía tres años o cuatro recién cumplidos (ahora tiene cinco) pero es real, tan real como mis miedos. Yo me había tumbado a su lado en su cama para "vigilarle" (como él dice) mientras dormía. Estaba hecho un ovillo dándome la espalda de cara a la pared. Esos días en el colegio habían estado aprendiendo los números. Esta fue, más o menos textualmente, nuestra conversación:

- Papá, ¿cuál es el número más grande?
- No hay "el número más grande", Diego. Siempre hay un número más grande
- ¿Por qué?
- Así son los números. Si tú dices un número yo siempre puedo decir uno más grande
- ¿Por qué?
- Porque siempre hay uno más. ¿Tú hasta qué número sabes contar?
- (orgulloso) ¡Sé hasta el cien! (eso decía él, alguna decena se le quedaba por el camino, claro)
-
Pues mira, si tú dices el cien yo digo el ciento uno. Y ya es más grande.
- ¿Y si digo el ciento uno?
- Pues yo digo el ciento dos
- Papá
- Qué
- ¿Y si digo el mil?
- Pues yo digo el mil uno. Venga, Diego, duérmete
... (segundos de silencio) ...
- Papá
- ¡Qué!
- ¿Cuál es el número más grande que sabes?
(ésta es una pregunta recurrente de Diego y mi respuesta es invariable)

- El cuatro mil trillones
- ¿Hay el cuatro mil ... "eso"... uno? (lo pregunta girándose hacia mí)
- Claro
- ¡Pues yo digo ese!
(yo le beso)
- Anda, Diego, hay que dormir
(se gira de nuevo y me da la espalda, acurrucado; pasan unos segundos más)
- Papá
- ¡Qué! (impaciente, casi enfadándome)
-
¿Siempre hay un número más grande, siempre?
- Si Diego, siempre. Siempre existe un número más grande todavía.
Diego se gira, me mira y me dice tendiéndome sus bracitos al cuello:
- Papá, pues yo te quiero más que el diez y más que el cien y más que el mil. Papá: pues yo te quiero tanto... ¡que no existe el número!

(en ese momento recuerdo sentir que por cada poro de mi piel se me escapaba el alma empapada de ternura, como se escapa el agua por los poros de una esponja mojada)

¿Qué tienen las noches, algunas noches, qué veneno esconden para hacer sentir soledad y amargura a alguien a quien cuida un ángel así?

--
El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los niños (Graham Greene)

technorati tags:, ,

viernes, septiembre 22, 2006

Acantilados, teléfonos, estrellas, ángeles

Hay mejores fotografías, mejores fotógrafos, composiciones mejor compuestas y horizontes más horizontales. Pero no hay otro mar como mi mar, el mar en el que descansas ahora, el Cantábrico.

Al borde de otro acantilado parecido a éste estuvimos hablando hace poco más de dos años y de quince kilómetros, antes de que te fueras, y desde entonces cada uno me recuerda más a ti y me hace más presente que no estás.

¿Lo recuerdas? Yo había salido de trabajar. Era viernes, como hoy, a esa hora mágica entre la tarde y la noche. De hecho, tú estabas en Barcelona, en casa - te habían dado permiso para escaparte del hospital creo que por ese fin de semana - y allí ya había anochecido. Yo, al borde de un acantilado en Cuchía, sobre la playa de los caballos, te contaba cómo la luna jugaba con la primera estrella que había aparecido sobre un cielo violeta aún atardeciendo, cómo iba persiguiéndola sobre un mar cada vez menos azul y cada vez más negro. Me había quedado solo y quise compartir contigo aquella maravilla que a ti no te dejaban contemplar. Cómo reímos y cómo nos emocionamos sabiendo que quizá no lo podrías volver a ver, pero sin mencionarlo. ¿Lo recuerdas? Nunca agradeceré a Dios bastante que nos regalara esa conversación. Cuántas cosas nos dijimos, con urgencia; con esperanza; como si pudiera ser la última vez. Lo fue.

Mierda. Ahora, mientras escribo esto, las lágrimas asoman a mis ojos y corren por mi cara recordándote - cuando estoy harto de decir que ya no lloro por ti, que ya no lloro tu ausencia, que sólo eres risas y sonrisas para mí; que sé que ahora es contigo con quien juegan la luna y los ángeles cuando se asoman. ¡No sabes cómo te echo de menos! Y sí, sonrío. ¡Pero te extraño tanto!. Y tú mientras te ríes desde el cielo, estoy seguro, y sigues recordándole a Carlos al oído que cuide de mí, que yo no soy tan fuerte. Joder, ¡haberte quedado tú!

Da igual. Te siento a la vez tan cerca. Y cada acantilado me lleva a ti. Y cada risa sincera y cada gesto resuelto. Cada mirada cómplice y cada amigo común. Tenías que ser tú. Fuiste tú siempre la que nos unió a todos, tú la que nos mantuvo juntos y eres tú la que hace que pase el tiempo y cada vez nos necesitemos más. Pasado mañana hará ya dos años que te escondiste y estoy seguro de que nos buscaremos y que nos querremos sentir cerca unos de otros. Como sea. Y será para sentirte a ti entre nosotros.

¡Tengo tantas cosas que contarte, Ana! Y sigo llorando y tengo que hacer pausas al escribir para ver las letras: porque ahora no puedo, porque quizá no debo. Son tantas cosas tan nuestras, tantas tan tuyas... Esperaré. Y espérame tú tambien allá donde estés porque iré. Y del abrazo que te voy a dar, mi vida, esta vez no te podrás escapar. ¡Cómo te extraño!. Eso no lo sabe nadie.




(Ana Rosa Recio Calzada falleció el 24 de septiembre de 2004, día de la Merced, en Barcelona después de dos años enferma, mostrándonos a todos los que la queríamos y a los que hasta entonces no la conocían cómo se lucha contra una enfermedad horrible y dolorosa con valor, con una sonrisa cuando el dolor no lo hacía humanamente imposible y siendo luz de esperanza para los que estábamos sanos y la queríamos. Era una mujer auténticamente increíble, excepcional, supongo que por eso Dios debió querer llevársela a su lado tan pronto. Me considero enormemente privilegiado por haberla conocido y haber merecido un trocito de su corazón como amigo suyo que fui, que soy. Y quiero ahora pedir perdón a todos los que la quieren, a su marido y amigo mío, a su hijo, padres, hermanos, familiares y demás amigos con los que la comparto y a los que tan unido estoy si algo de lo que hay aquí escrito les hiere o les hace sentir mal. Lo hago porque no la olvido, porque sigo recordándola y queriéndola - siempre lo haré - y quizá porque necesito seguir llorándola y sacar esta pena de dentro de mí. Y con todo el cariño del que mi corazón es capaz. Ella lo sabe. Creo que vosotros también)

--
Sólo los buenos mueren jóvenes (William Shakespeare)

lunes, septiembre 18, 2006

La tumba del inglés


Una tarde, un buen amigo, un mar de todos los verdes y azules, el viento en mi cara, una mierda de cámara para capturarlo y palabras más pobres y secas que una piedra para contarlo. ¿Por qué, joder, por qué no viniste y lo viste conmigo?

--
El mar, siempre el mar
technorati tags:, ,

viernes, septiembre 15, 2006

"A mí me gustan las piedras rosas"

Es un atardecer soleado de domingo de septiembre en las afueras de una ciudad castellana cualquiera. El verano se termina. Sentadas en el puente del castillo de los columpios clasificando piedras hacen una estampa curiosa Lucía y su madre. Lucía es una niña preciosa de cuatro años quizá, pelo pajizo y cara redonda que te mira desde la superficie del lago azul de sus ojos con una sonrisa, aunque no te conozca. Su madre juega con ella, ajena al mundo lejano de la ciudad cercana sin dar la impresión de estar perdiéndose nada, o quizá plenamente consciente de que es ahí donde transcurre la vida, lo esencial: en ese rincón abandonado para su niña y para ella. No hay nadie aparte de nosotros cuatro - que acabamos de llegar - y ellas dos.

Yo tengo en las manos una pieza de cuarzo rosado limpio y brillante que acabo de recoger del suelo. Se lo tiendo a mi hija Ana que lo mira curiosa y se va corriendo sin él. Lucía me ha oído y se me acerca mirándome a los ojos desde ahí abajo. "A mí me gustan las piedras rosas" dice. Se lo ofrezco con la mano y una mirada y ella lo acepta con la naturalidad con que sólo los niños pequeños saben aceptar los regalos. Seguido, se va tras Anita a jugar. Ya no soltará la piedra.

Su madre se baja del castillo de madera. Es muy delgada y guapa y se queda mirando a los niños divertirse sentada en un columpio de muelle, balanceándose ligeramente, acunándose. Tiene la mirada ausente, los ojos tristes pero resueltos de quienes la vida enseñó a amar, a perder, a esperar, a sobrevivir. Viste sencillo, ningún anillo, ningún adorno a la vista. Ni falta que hace.

La tarde transcurre lenta y agradable aunque hay algo triste en el aire, con la música de las risas de los niños de fondo y las sensaciones, recuerdos y ensoñaciones de los mayores. Al cabo, Lucía se acerca a su mamá y le dice que se tienen que ir. No sin mostrarle una vez más la piedra y decir "éste es mi regalo, míralo". Su madre la mira muerta de cariño y le contesta con cara de asombro "¿de verdad?". Sólo las madres pueden transmitir tanto con tan poco. Sólo a veces. Le acaricia la cara y comienzan a caminar derechas hacia el sol que atardece sobre sus cabezas, haciéndose pequeñas a medida que se alejan hacia aún más afuera de la ciudad. La voz de Lucía también se va apagando en la distancia contándole a su madre sus secretos y tesoros e ilusiones, sus juegos con Anita - a la que no volverá a ver aunque no lo sabe-, su inconsciente y feliz final del verano de sus cuatro años.

Más tarde, sentado en un bar frente a una cerveza negra, alzo la mirada y veo una pareja de cigüeñas emprender el vuelo, graves, hacia el este. Me pregunto qué horizontes estarán viendo sus ojos, qué límites encontrarán sus vuelos, adónde las llevarán.

--
La más preciosa piedra rosa es el sonido de tu risa, Lucía. Gracias por ella. Esa guárdala siempre.

technorati tags:,

jueves, septiembre 07, 2006

Volveré

(actualizado viernes 8: definitivamente volveremos el jueves 14 y nos vamos - ya salimos - a Salamanca)

Me voy de vacaciones con mi familia unos días. No podré - al menos, no deberé siquiera intentarlo - escribir en ese tiempo. Y no estoy pidiendo disculpas (que, Caviladora, como me has enseñado, no tengo por qué) sino simplemente expresando que voy a echar de menos esto y que espero que todo siga igual a la vuelta. Todo menos yo, quizá. Dicen que eso son los viajes, transformaciones.

Creo que volvemos a casa el miércoles aunque ya no es seguro. No sabemos dónde vamos, ni cuánto tiempo exactamente porque ¿qué clase de vacaciones son esas en las que todo está programado? Bueno, por eso y porque - como siempre - lo he dejado todo para el último momento y ahora no hay hueco donde queríamos ir. Pero todo tiene su lado positivo y así será más emocionante. Será como la semana larga que pasé en Escocia con mi hermana y con un coche alquilado sin planes, sin saber si quedaba dinero y sin preocuparse por ello (Pele, ¿tu crees que nos dejarán volver algún día...?¿y crees que será lo mismo?).

Volveré.


--
Tanta prisa tenemos por hacer, escribir y dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad, que olvidamos lo único realmente importante: vivir (Robert Louis Stevenson)

technorati tags:,

Evocación

UN VIENTO fresco y joven, liberado
apenas, se dialata por la huerta.
El seto, entre su verde despejado,
templa la luz, indócil se despierta.


Suelta de nubes. Por el encrespado
azul pájaros cruzan en alerta
fugaz. Cantan las hojas. En el prado
la sombra de las ramas ya es incierta.

Va a comenzar. Ahora es cada mata
un manojo de savias incesantes
que los silvestres aires busca y bebe.

¡Pronto, corred! El cielo se desata.
Y un rumor va creciendo por instantes,
húmedo, a lilas golpeadas: llueve.

(Jaime Gil de Biedma)

Acaba de caer la primera lluvia fresca del fin de verano mientras termino de transcribir estas líneas. ¡Qué capacidad de evocar sensaciones, sonidos, olores, tienen las palabras en boca de quienes las saben manejar! ¡Y cómo las palabras a su vez se meten y viven escondidas en nosotros y se asoman cuando menos lo esperamos! Oí las gotas caer a lo lejos, acercándose; percibí el olor dulce de la tierra mojada y estos versos dormidos en la memoria despertaron.

(la foto de la lluvia cayendo sobre el bosque está tomada por taliesin y la he obtenido en morguefile.com, aquí; muchas gracias a ambos)


--
Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas. (Miguel de Cervantes)
technorati tags:, ,

miércoles, septiembre 06, 2006

Batiburrillo

(escuchando "Listen to the Lion", de Van Morrison)

Esta tarde me ha atropellado un torbellino de sensaciones y sentimientos y quise un papel para domarlos. Varias veces. No lo tuve. Después vino Bruce a charlar un rato a mi sala de estar - Vh Storytellers, no hay palabras, te lo presentaré - y reí y me conmovió y me puso los pelos de punta y... y no encontré un papel.


Ya anochecido, con mi luna asomada a la ventana, curiosa como siempre, oí algo. Era una avalancha. De emociones. Me giré y estaba encima. Se me llevó por delante. ¿Papel? No.

Ahora he encontrado este papel de luz y teclas. Ahora sí, puedo dejarlo salir. Y quiero hacerlo. Pero ahora todo está en calma. Oigo un vago rumor de fondo, como el de una cascada de la que uno se aleja, como el de un tractor que se pierde por el campo. Pero todo pasó, se escondió.

El corazón se está durmiendo. Quizá debería dormir yo también.

--
A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que son una dieta equilibrada (Winston Churchill)

technorati tags:,

domingo, septiembre 03, 2006

La Arnía

(escuchando el disco "In the Heart of the Moon" de Ali Farka Toure y Toumani Diabate)

La Arnía, a pesar de su cercanía a Santander, es una playa salvaje. Son apenas ciento cincuenta metros de arena blanca y fina entre paredes de roca: un acantilado la cierra por un lado, por el otro un muro rocoso de quince o veinte metros de altura que el mar con su infinita paciencia ha ido tallando caprichosamente.


En la Arnía el mar embiste, rabioso por encontrar límites a su vasta inmensidad. Ruge acometiendo la roca. Brama. Y se lamenta. En invierno he visto en la Arnía noches de tempestad, olas furiosas - mar lanzado - abalanzarse y saltar por encima de esas paredes descomunales, la lucha sin fin entre las fuerzas de la naturaleza, entre el azul y el negro, entre la vida y la muerte.

La Arnía mira a mar abierto, al viento del nordeste, que siempre sopla fresco allí. Justo frente a la playa hay un islote escupido del fondo del mar, una falla en la placa tectónica que exhibe sus cicatrices sin vergüenza asomada al cielo azul. Desde la cercana playa de Covachos se puede acceder al islote andando cuando la marea está muy baja. A estas alturas del verano - que ya agoniza como un pez en la cesta del pescador respirando un aire abrasador y hostil -, en septiembre, ya es fácil encontrarse tranquilo allí: no es una playa cómoda para ir (por el desnivel que hay que salvar a pie) ni, a veces, para estar (por el nordeste). A pesar de su belleza salvaje.

Allí me he perdido hoy. He ido solo. Sin nadie salvo mis fantasmas. Sin reloj, sin teléfono. Con la llave del coche, un libro y una toalla. Y mi cita con el mar.

He nadado mar adentro luchando contra las olas de más de un metro con que el mar castigaba la playa. Me he dejado ir hacia el océano, he flotado donde esas olas rabiosas aún son sólo vaivenes en el mar. Me hundí después, sumergiéndome en vertical, buscando herir el fondo de arena con mi pecho y subiendo desesperadamente cuando sentía que ya la cabeza me iba a estallar. O los pulmones. Qué lejos está la luz del sol cuando no hay aire, qué distante el aire donde no hay más que silencio y quietud.

He vuelto a la orilla nadando con urgencia, braceando como si la vida me fuera en ello, huyendo quizá de lo que había dejado en el fondo del mar, de mi mar. Y en la orilla el agua estaba turbia por la arena que las olas batían con saña. Al entrar no lo había notado, algo en mis ojos no me había dejado.

Pero he de volver. Volveré a recoger lo que allí posé, en el fondo frío y tranquilo. El mar, mi mar, me lo cuidará. No temeré.

Y tú, que acaso leas esto, tampoco has de temer.

(desconozco el autor de la fotografía de arriba, la encontré en una página que no lo indicaba. Lo investigaré
. Y sí, es el islote frente a la Arnía)

--
Todo se cura con agua salada: con sudor, con lágrimas o con el mar (Isak Dinesen)

technorati tags:, ,

Estados de ánimo

A veces parece que todo es absurdo, que la vida gira en torno a un lugar vacío, un hueco en el que solía haber algo que ha desaparecido de repente, sin avisar, sin dejar rastros.

Es vano buscar, no aparecerá. Y da igual intentar escapar porque el vacío está dentro de ti mismo, en tu corazón, lo llevas allá donde vas y no hay posibilidad de ignorarlo. Y ese vacío te roba las sonrisas, las ilusiones, la vida misma. Y es vano llorar porque ese vacío no lo pueden llenar las lágrimas. Y es imposible dormir y así momentáneamente olvidar, porque ese hueco ejerce sobre ti una fuerza que te atrae irremisiblemente y te asoma a un abismo de vacío y vértigo infinito. Te despierta y te abre los ojos, te dice: "¡Mira!". Sólo puedes desear esfumarte en el aire, desaparecer y dejar de sentir que caes y caes y caes sin fin.

¡Que amarga sensación echar de menos lo que jamás has tenido, la nostalgia de lo que nunca sucedió!

Me voy a la playa, solo. A perderme allí.

--

Estoy lejos de ti, con el castigo
de verte renacer a cada instante.
Pues siento que entre más y más distante
estás, con mas amor vives conmigo.

Aún viviendo sin ti vivo contigo.
Te llevo como lágrima constante.
y si pretendo huir de tu agobiante
recuerdo, sin quererlo lo persigo.

lnútil ya lo sé que es todo intento
y aunque sienta la forma como siento
que vives reviviendo lo vivido.

Sé que al perderte a ti todo lo pierdo.
Si trato de olvidarme del recuerdo
comienzo a recordarme del olvido.

("Poema de la ausencia", David Moya Posas)

technorati tags:, , , ,

miércoles, agosto 30, 2006

Tristezas, enfados, fascículos, risas y el mar

He estado nadando. En el mar, claro. Nadando y flotando y sientiéndome insignificante mecido y envuelto en algo enorme, vivo, inmenso. Hay pocas sensaciones más relajantes que la de sentir cómo uno se va haciendo pequeño hasta casi desaparecer, cómo formas parte y te haces uno con algo tan gigante y descomunal que, por comparación, te asimila y prácticamente te hace dejar de existir.

Después me ha tocado volver a la vida real. Y me he enfadado y después - como siempre que me enfado - me he puesto triste. Y he acabado llorando... de la risa: no dejes de visitar este enlace que te llevará a un artículo espectacular escrito por Javier Moreno Claver en su blog sobre las colecciones de fascículos con que las editoriales ahora nos invaden: ¡aún estoy riendo recordándolo!

...Colecciones de Barcos, Aviones, Trenes, Submarinos, Coches… O sea, cualquier medio de transporte civil o militar moderno o antiguo. Por aquí hemos visto desfilar desde la Pinta de Colón hasta el USS Saratoga, desde el avión del Barón Rojo hasta el 747, Furgonetas de Antaño, Carros de Combate, desde el helicóptero Apache hasta el de Rajoy (te regalaban la plaza de toros y un ventilador). Los coches de Tintín (O_O Insuperable)...

Disfruta con el artículo. Y nada. En el mar, claro.

--
Los ninos pequeños son como el mar, uno nunca se cansa de mirarlos (esto lo decía el Dr. Llopis, el médico que me cuidaba cuando era pequeñito y vivía en Tarrasa, a mi madre)
technorati tags:, ,

lunes, agosto 28, 2006

Bobby Jean

¡Pues no! Parece que esta noche no tocaba descansar, a pesar de los buenos propósitos. No sé qué habré soñado, qué ilusión o qué pesadilla. Sé que acabo de despertar de ella con esta música del Jefe en mi corazón. Nunca lo entendí como un "adiós" sino como un sincero "hasta siempre". Pero no deja de ser triste y desgarrador, ¿verdad? Lo bueno de los genios como Bruce es que saben poner letra, música y colores a lo que los mortales sólo intuimos en sueños...

...
I wished I would have known I wished I could have called you

Just to say goodbye Bobby Jean
...
Maybe you'll be out there on that road somewhere
In some bus or train traveling along
In some motel room there'll be a radio playing

And you'll hear me sing this song

Well if you do you'll know I'm thinking of you and all the miles in between

And I'm just calling one last time not to change your mind
But just to say I miss you baby, good luck, goodbye, Bobby Jean

(Bobby Jean, Bruce Springsteen)

--
...Ojalá lo hubiera sabido, ojalá hubiera podido llamarte
Simplemente para decirte adiós, Bobby Jean
...
Quizá un día estarás ahí fuera, en algún lugar de la carretera
Viajando en algún autobús o tren
Y en alguna habitación de motel habrá una radio sonando
Y me oirás cantando esta canción
Bien, si lo haces sabrás que estoy pensando en ti y en todas las millas que nos separan
Y que estoy llamando así una última vez, no para hacerte cambiar de opinión
Sino sólo para decirte que te echo de menos, nena, que adiós, que buena suerte, Bobby Jean)

- la traducción, un poquito libre, es mía -
technorati tags:, ,

domingo, agosto 27, 2006

Noche

He despertado en el sofá y estaba solo. Me he resistido a irme a la cama en esta última noche de vacaciones: la noche de mañana - en unas horas - tocará dormir algo para poder trabajar el lunes.

Y la noche se me está escurriendo entre los dedos poco a poco. Entre los dedos y entre la música, la radio, las luces lejanas en el paisaje oscuro de mi ventana y las ausencias. Pero la noche y las ausencias las estoy saboreando como un buen whisky que ha tardado treintaiséis años en poder ser degustado, madurando, preparándose. Y saben un poco saladas, como los whiskies de Islay, como el mar, como las lágrimas.

Me voy a asomar enseguida, creo, a escuchar cómo respira alguno de los ángeles que viven conmigo.

--
Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

("Ausencia", Jorge Luis Borges)

martes, agosto 22, 2006

Al fin, el sol


Al fin, tras una semana de mis vacaciones cerrado en casa con anginas. Sólo he salido media hora a pasear pero ha sido coger aire fresco para el cuerpo y para el espíritu.

La foto la saqué con el móvil junto a la playa del Camello. Es muy pequeña pero sirve para que aprenda a subir fotos y así más adelante podáis ver más, mejores. Y para que veáis lo que me estaba perdiendo. Gracias a la abuela Marina por llevar a los enanos a la playa mientras yo no podía y gracias a la abuela Tere por llevarlos a todos los demás sitios.

Aún me quedan unos pocos días de vacaciones. ¡Hay que exprimirlos!

--
La vida es 10% lo que te pasa y 90% cómo respondes a lo que te pasa (Lou Holtz)

technorati tags: