domingo, agosto 17, 2008

Obviedad

El tiempo no se ha detenido. O, mejor, nosotros no nos hemos detenido en él. Aunque no ha pasado igual para todos.

Seguimos arrastrándonos. Con más cicatrices. Con menos lágrimas ya, más secos. Con más sonrisas sembradas, si hubo... ¿suerte?. Vivos. Por menos tiempo vivos, mas vivos al fin y al cabo.

Estoy espeso para hacerme entender. No puedo. Hay que arrancar la costra que cubre las letras dentro de mí.

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La vida es lo que sucede mientras estás ocupado haciendo otras cosas (John Lennon)

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jueves, noviembre 08, 2007

En noches como hoy

(escuchando Long Line Of Pain, la larga línea del dolor de Amos Lee, The Bridge de Elliott Brood, escuchando a Joan Armatrading sollozando 'Baby I', a Elliott Murphy flotando por Angel Dream nº2 de Petty, y oyendo después cómo John Mellencamp le canta otra vez a Jackie Brown, cómo Satan & Adam maldicen los blues entredientes y armónicas afiladas, Dwight Yoakam doma los 'Suspicious Minds' de Elvis, Ocean Colour Scene y más y más sin parar y, sobre todo, un ruido sordo, 'in crescendo' hasta hacerse un estruendo, procedente de mi corazón. Demasiada música, probablemente)

En noches como hoy se siente demasiado, todo se desborda en el corazón. En noches como hoy todo alcanza proporciones gigantescas, todo es desmesurado y me arrastra... lejos.


En noches como hoy solo siento rabia porque no soy capaz, nunca lo seré, de expresar el tornado que me arrasa, la marea de sensaciones que me inunda y me ahoga, la mezcla de tristeza y deseperación que me anega y la explosión de vida y amargura y rebelión que sacude mi ser desde lo más hondo.

Hoy - y en noches como la de hoy - me mueve algo tan profundo, tan intenso, que desearía ser transparente para que alguien pudiera verlo, sentirlo en el tuétano de sus huesos y así poder entenderlo. Hoy compruebo lo vacuo, lo vacío de las palabras, su incapacidad de expresar la vida, lo que fluye dentro de mí, lo que me agita, lo que me aniquila, lo que me levanta en el aire y me arroja contra la sombra de mi alma. Hoy, en esta noche (y en otras como ésta), observo desmenuzarse en mis manos el verbo que creía sólido. Esta noche me veo incapaz de acercarme a nadie, me sé remoto, más allá: inalcanzable.

Esta noche, esta única noche de mi vida - porque hoy todo es fugaz, tan denso a la vez y tan horrible - querría haberme muerto, no haber nacido quizá. En esta negra noche de colores me arrepiento del mal que hice... y también de lo bueno que pude sembrar en el camino. Esta es la noche del semen y la sangre derramada, la noche de llorar, de temblar, la noche a flor de piel. Hoy - ¡ahora! - lamento haber herido, lamento haber amado, reniego de haber dejado que nadie se acercara. En esta noche del corazón cambiaría lo que reste de mis días por borrar el rastro del cariño de los que me quisieron, por desaparecer de su memoria, por el ovido eterno. En esta sagrada noche de mi amargura soy consciente de mí mismo y me sé un arma del diablo, una rosa de espinas retorcidas, una piedra reluciente en el suelo, esperando que alguien la recoja, con los vértices - bien afilados - envenenados.

Ésta es la noche. Quiero estar solo. Y escribo porque quiero reventar. Y odio no ser capaz. Me odio.

Sí, ésta es la noche. Ojalá supiera exprimir lo noble que pudiera quedar en mí y dejarlo aquí, ojalá quedara algún rastro de esto que siento - ni que fueran cenizas - que sirviera para algo, para alguien. Quizá por eso escribo.

Me siento ya incapaz de nada. Ya no tengo fe en el yo que conocía, ya sé lo que valgo. ¡Y siento tanto! ¡Y vale tan poco...!

Esta es la jodida noche de las noches. Hoy, no otra noche, ¡hoy! recógeme y llévame donde jamás pueda volver a verme, a recordarme, nadie. De una vez por todas. Y deja aquí los despojos de esto gigante que llevo dentro, déjalos para quienes me quisieron más de lo que nunca podría merecer. Llévame y bórrame ¡esta noche!

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And tonight I'm feeling lost
and headin' down the highway out to Boston
I get the sense I might lose it
I thank God tonight for the light I got in music

'Cause my heart lives in this song
Where the melody comes
And just as quickly, the melody is gone
I'm back alone, far from home

(Amos Lee, Long Line Of Pain)

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lunes, septiembre 24, 2007

Ne me quitte pas

La siento como un roce del aire que ella mueve al pasar cerca. Riendo.

De veras.

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Nunca es largo el camino que conduce a casa de un amigo (Juvenal)


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martes, septiembre 18, 2007

Y pienso

Pienso en la vergüenza, en las explicaciones, pienso en todos aquellos quienes me gustaría que no conocieran este rincón pero dieron con él, pienso en quienes perdí por esconderme, por no sentirme mirado. Pienso demasiado, porque no he dejado de sentir pero tuve que guardarlo. Y pienso que no pensaré tanto, que quien no quiera leer que no lea, que todo me da igual. Pienso en fin que siento demasiado demasiadas veces y pienso que no quiero tragármelo siempre. Y quiero.



Este gorila estaba así cuando lo ví en el zoo de Santillana allá por marzo a través de mi cámara y me recuerda mucho a mí mismo ahora. Demasiado tiempo sentado mirando alrededor, pensando en qué verán los demás. ¿Pues qué coño van a ver? Un gorila sentado en su palo, en su pequeño y ridículo mundo, preguntándose cuánto les importa a los demás algo que realmente no les importa nada. Ya lloraré después, cuando me caiga de mi cómodo y seguro pero pequeño y ridículo poste . Allá voy. Os echo de menos, y echo de menos algo de mí.

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Hay que hacer algo, pero no pensar en hacer algo (Francis Picabia)

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sábado, febrero 24, 2007

Miedo

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte,
Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...

Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente...

Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

(Respuesta, José Hierro)


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De lo que tengo miedo es de tu miedo (William Shakespeare)
De lo que tengo miedo... es de mi miedo

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domingo, diciembre 24, 2006

Algún rayo de sol

Llevábamos demasiados días ya, demasiados fríos para Santander. Y grises, cuando no negros. Y lluviosos. Y llevo (demasiados ya) días con el corazón frío, con la mente dormida. En medio pasó mi cumpleaños y un verdadero montón de gente, de muchos lugares, demostrando más cariño del que puedo merecer. Lo cual uno nunca sabe si es bueno - por aquello de no estar solo - o malo - por el peligro de decepcionaros a todos.

Pero también algún rayo de sol, como el que hoy, veinticuatro de diciembre, ahora a las cuatro menos cinco de la tarde, calienta mi camisa y mi cuerpo a su través. Y algún rayo de sol más calido aún, como algún rato con buenos amigos y sin caretas ni compromisos, sólo con risas, angustias, abrazos y siempre con el corazón en la mano. Y otros, como los ángeles que respiran plácidos - plácidos en este momento - en la habitación de al lado.

Ahora, mientras escucho a John Gorka y su Thorny Patch, mientras el sol calienta mi camisa y mi piel a través del cristal de una ventana que mira al sur en la casa que me pude comprar, mientras tomo un café tibio y tranquilo pienso que no tengo derecho a estar triste. Voy a salir a la calle, voy a salir de mí. Y esta nieve se va a derretir con el calor de las personas a las que quiero. Con el vuestro.


Dice Tee, un amigo en Caedes, que "hay cosas que pasan por este mundo sin que nadie nunca las vea - vienen y van -, sin dejar rastro de su existencia; intenta mirar con tu corazón y sigue esa luz - puede que algunas cosas preciosas simplemente se asomen". La foto y la composición de aquí son suyas.

PD: a todos los que pasáis por aquí, escribáis o no, comentéis o no, sepa vuestros nombres o los ignore, y especialmente a Ona, de la que no sé nada hace tiempo, Gloria, Eva, Soldado, Ideas, Odel, C.A., Mar, luna; muy especialmente y aunque no le guste la Navidad, a Beyo (volverás a subir, pajarillo, te lo prometo), y con todas mis pocas fuerzas -que te las mando - a Patus: quiero que sepáis que os deseo una feliz Navidad (sí, también la Navidad) y, si no puede ser feliz, sí al menos algún rayo de sol de estos que me caen ahora. Y que aunque no lo demuestre - a veces porque no puedo - os tengo presentes por no se sabe qué curioso resorte de la cabeza o del corazón; me habéis robado un trocito y os echo de menos cuando no estáis.

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Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año (Charles Dickens)

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viernes, diciembre 08, 2006

La nieve está en mi corazón...

La nieve está en mi corazón como el silencio en las habitaciones de los balnearios: densa y profunda, indestructible.

La nieve está en mi corazón como la hiedra de la muerte en las habitaciones donde nacimos.

Nieva implacablemente sobre los páramos de mi memoria. Es ya noche entre los blancos cerrados.

Cuando amanezca, será ya siempre invierno.

(Julio LLamazares)

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miércoles, noviembre 29, 2006

"We few, we happy few, we band of brothers"

"Enrique V" Acto 4, Escena 3 (Shakespeare).

La famosa (e imaginaria) arenga del Rey Enrique V a sus tropas, diezmadas por la disentería y debilitadas por la larga marcha y la distancia a Inglaterra, antes de la batalla de Agincourt (1415), en la que las tropas francesas, mucho más numerosas, les cerraban el paso al puerto de Calais por el que los ingleses debían embarcar de vuelta a casa.

La traducción española acabo de hacerla. Así, quien no conoce el inglés se puede hacer una idea del significado aunque, lógicamente, no he podido trasladar lo sublime y arrebatador del texto original del genio inglés.

WESTMORELAND - O that we now had here
But one ten thousand of those men in England
That do no work to-day!

KING HENRY V - What's he that wishes so?
My cousin Westmoreland? No, my fair cousin;
If we are mark'd to die, we are enow
To do our country loss; and if to live,
The fewer men, the greater share of honour.
God's will! I pray thee, wish not one man more.
By Jove, I am not covetous for gold,
Nor care I who doth feed upon my cost;
It yearns me not if men my garments wear;
Such outward things dwell not in my desires.
But if it be a sin to covet honour,
I am the most offending soul alive.
No, faith, my coz, wish not a man from England.
God's peace! I would not lose so great an honour
As one man more methinks would share from me
For the best hope I have. O, do not wish one more!
Rather proclaim it, Westmoreland, through my host,
That he which hath no stomach to this fight,
Let him depart; his passport shall be made,
And crowns for convoy put into his purse;
We would not die in that man's company
That fears his fellowship to die with us.

This day is call'd the feast of Crispian.
He that outlives this day, and comes safe home,
Will stand a tip-toe when this day is nam'd,
And rouse him at the name of Crispian.
He that shall live this day, and see old age,
Will yearly on the vigil feast his neighbours,
And say 'To-morrow is Saint Crispian.'
Then will he strip his sleeve and show his scars,
And say 'These wounds I had on Crispian's day.'
Old men forget; yet all shall be forgot,
But he'll remember, with advantages,
What feats he did that day. Then shall our names,
Familiar in his mouth as household words-
Harry the King, Bedford and Exeter,
Warwick and Talbot, Salisbury and Gloucester-
Be in their flowing cups freshly rememb'red.
This story shall the good man teach his son;
And Crispin Crispian shall ne'er go by,
From this day to the ending of the world,
But we in it shall be remembered-

We few, we happy few, we band of brothers;
For he to-day that sheds his blood with me
Shall be my brother; be he ne'er so vile,
This day shall gentle his condition;
And gentlemen in England now-a-bed
Shall think themselves accurs'd they were not here,
And hold their manhoods cheap whiles any speaks
That fought with us upon Saint Crispin's day.

Westmoreland - ¡Si tuviéramos aquí siquiera diez mil
de esos hombres que permanecen hoy ociosos en Inglaterra!

Rey Enrique V - ¿Quién es el que tal cosa desea?
¿Mi primo Westmoreland? No, querido, no:
Si escrito está que debemos morir, suficientes somos
Para que nuestro país nos pierda; y si hemos de vivir,
Cuantos menos hombres, mayor será la porción de gloria de cada uno.
¡Voluntad de Dios! Ni un hombre más desees, te lo ruego.
¡Por Júpiter! No es oro lo que ansío,
Ni me importa quién pudiere vivir a mi costa;
Ni me preocupa si otros hombres llevaren mis ropajes;
No son tales cosas materiales las que agitan mis deseos:
Ahora bien, si pecado es ansiar honor,
Soy el alma más pecadora que haya habido.
No, mi primo, ¡fe!, no anheles ni un inglés más:
¡Paz de Dios! No perdería tan gran honor
Como el que entiendo que perdería por compartirlo con siquiera un sólo hombre más,
Porque albergo la mejor de las esperanzas. Oh, ¡ni uno más desees!
Más bien, Westmoreland, proclama por mis huestes
Que a aquél que no tenga estómago para esta lucha
Se le deja marchar; hágasele su pasaporte
Y provéasele de coronas para el viaje:
No querríamos morir en compañía de tal hombre
Que tiemble ante la idea de morir con sus compañeros.

Hoy es el día que llaman la fiesta de San Crispín:
El que sobreviva a este día y vuelva a casa
Se alzará sobre las puntas de sus pies cuando se mencione esta fecha
Y se agitará al oír el nombre de Crispín.
El que viva después de hoy y llegue a anciano,
Cada año, la víspera de este día, convidará a sus vecinos
Y les dirá "Mañana es San Crispín",
Y subirá sus mangas y mostrará las cicatrices.
Y les dirá "Estas heridas las gané el día de San Crispín".
Los viejos olvidan; es más: todo será olvidado,
Todo salvo las proezas logradas este día. Y nuestros nombres
Serán para siempre familiares para él, como de su propia casa,
el Rey Enrique, Bedford y Exeter,
Warwick y Talbot, Salisbury y Gloucester,
Y permanecerán siempre frescos en su memoria y en sus copas llenas.
Los hombres buenos enseñarán esta historia a sus hijos
Y el día de San Crispín nunca se olvidará,
Desde hoy, hasta el fin del mundo,
Y con él seremos recordados nosotros.

Nosotros pocos; nosotros, felices pocos; nosotros, banda de hermanos;
Porque el que hoy derrame su sangre con la mía
Será mi hermano; no importa lo vil que hubiera podido ser,
este día enaltecerá su condición;
Y los caballeros que ahora permanecen en el lecho en Inglaterra
Se tendrán por malditos por no haber estado aquí,
Y por siempre sentirán humillada su hidalguía ante cualquiera al que oiga decir
Que luchó aquí, con nosotros, en el día de San Crispín.


sábado, noviembre 25, 2006

Revolviendo en una caja de fotos antiguas

La abuela Marina, para mí, son mimos y azotes en el culo, abrazos intimísimos, manos protectoras, alguna riña severa. La abuela Marina es aroma de galletas hechas con las natas de la leche recogida en ollas en el pueblo, olor a croquetas de jamón como nadie las hizo jamás; partidas de parchís y cenas de Navidad alrededor de una mesa enorme. Es carreras por un pasillo infinito y oscuro que lleva desde un salón de madera en un extremo del piso a una cocina de las de antes, con despensa en cuarto anejo. La abuela Marina es el recuerdo de la ilusión de las vísperas de Reyes, mirando la cabalgata de Sus Majestades pasar bajo la ventana del comedor. La abuela Marina, para quien yo fui gusanito, también ganso del capitolio y pozo sin fondo. Cariño, amor, calor, ilusión.



Estos somos mis hermanos y yo en su casa, en la única foto con ella que conservo en papel - en el corazón guardo muchísimas más -. Hace años que murió y nunca sentí que se hubiera marchado del todo; menos aún ahora que soy padre y veo a los míos ejercer de abuelos. Ahora entiendo mejor cómo me pudo querer, de una manera que para mí era imposible concebir entonces, cuánto hizo por mí, cuánto le debo agradecer. Recuerdo como si fuera ayer su funeral (cuánto hará de aquello, ¿diez años? ¿quince? ¡Dios mío, cómo pasa el tiempo!), a mi hermana mayor, una mujer, llorando como una niña otra vez, a mi lado, volviéndose a mí sin saber qué decir ¡tanto fue siempre para nosotros! Y me recuerdo cogiendo su mano y diciéndole que no llorara y echándome a llorar yo, como un niño también.

La abuela Marina es el regazo de a quien acudo cuando soy un bebé y tengo miedo, quien me riñe fingiendo enfado cuando soy un niño y a hurtadillas me cuelo en su despensa a robar, a quien corro con cualquier edad cuando quiero que me cuiden; es quien, cuando tengo veinte años, le dice a mi novia que tenga cuidado conmigo, que soy un ganso y la haré llorar... ¡cuando se la estoy presentando!. Y después le cuenta mil maravillas sobre mí.

La abuela Marina me conoce, ve a través de mí y me quiere como soy, a pesar de lo que soy. También ahora, desde el Cielo. Y siempre, siempre, huele a galletas de nata.

Un beso, abuela.

--
Los abuelos son los ángeles de los nietos (Martin Breton)




Ya' know that old trees just grow stronger,
And old rivers grow wilder ev'ry day.
Old people just grow lonesome
Waiting for someone to say, "Hello in there, hello."

So if you're walking down the street sometime
And spot some hollow ancient eyes,
Please don't just pass 'em by and stare
As if you didn't care, say, "Hello in there, hello."

sábado, noviembre 18, 2006

Las cosas pasan...

...y se van. También las personas pasamos y nos vamos. Un día simplemente no estamos. A veces, incluso vivos en el mismo cuerpo, aquello que fuimos pasa y se va y no volverá; miramos a nuestro interior y no nos conocemos.

Yo miro dentro de mí y pregunto por el que fui y nadie me contesta. ¿Donde he ido? ¿Quién o qué se me llevó? ¿Cuándo, que ni lo sentí? Quizá sólo permanezco en los corazones de los que me quisieron, en la memoria de los que me amaron.
Acaso sea allí donde deba buscar. No tengo otro lugar.

O quizá simplemente no deba buscar, sino olvidar y dejarlo estar de una puta vez. Al fin y al cabo, no tengo quince años para andar con estos problemas de identidad. ¡Qué ridículo, la verdad!

(estoy escuchando
Exploring the Blue, de Luka Bloom en su directo Amsterdam)


¡Quién fuera tu sombra, tu ángel;
quién fuera tu sol, quién tu esperanza!

...

¡Quién fuera tu sombra, niña del alma,
que día y noche y a todas partes
te acompañara!

¡Quién fuera tu ángel, y cada mañana
estuviera a tu lado, y todas las tardes
te custodiara!

¡Quién, lucero, quién fuera tu sol,
que tras días oscuros, tras el dolor,
te iluminara!

¡Quién, en fin, fuera tu amor,
quién tus süeños, quién tu alegría, quién tu ilusión,
quién tu esperanza!

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Las personas cambian y generalmente se olvidan de comunicar dicho cambio a los demás (Lilliam Hellman)

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jueves, noviembre 16, 2006

Cuando me haya ido

There's no place in this world where I'll belong when I'm gone
And I won't know the right from the wrong when I'm gone
And you won't find me singin' on this song when I'm gone
So I guess I'll have to do it while I'm here

And I won't feel the flowing of the time when I'm gone
All the pleasures of love will not be mine when I'm gone
My pen won't pour out a lyric line when I'm gone
So I guess I'll have to do it while I'm here

And I won't breathe the bracing air when I'm gone
And I can't even worry 'bout my cares when I'm gone
Won't be asked to do my share when I'm gone
So I guess I'll have to do it while I'm here

And I won't be running from the rain when I'm gone
And I can't even suffer from the pain when I'm gone
Can't say who's to praise and who's to blame when I'm gone
So I guess I'll have to do it while I'm here

Won't see the golden of the sun when I'm gone
And the evenings and the mornings will be one when I'm gone
Can't be singing louder than the guns when I'm gone
So I guess I'll have to do it while I'm here

All my days won't be dances of delight when I'm gone
And the sands will be shifting from my sight when I'm gone
Can't add my name into the fight while I'm gone
So I guess I'll have to do it while I'm here

And I won't be laughing at the lies when I'm gone
And I can't question how or when or why when I'm gone
Can't live proud enough to die when I'm gone
So I guess I'll have to do it while I'm here

There's no place in this world where I'll belong when I'm gone
And I won't know the right from the wrong when I'm gone
And you won't find me singin' on this song when I'm gone

So I guess I'll have to do it
I guess I'll have to do it
Guess I'll have to do it while I'm here

(When I'm Gone, Phil Ochs)

Y yo, aunque lo parecía, no me había ido, no del todo. Me asomo porque te echo de menos y porque ni siquiera me despedí. Sigo acurrucado, sintiendo el fluir del tiempo y el dolor, escondiéndome de la lluvia, buscando el lugar al que pertenezco y que puedo reclamar como mío. Estoy un poco perdido. Perdón. Y gracias. No sabes cuántas. Por estar.

(la música y letra de la canción son obra de Phil Ochs, un cantautor folk contemporáneo de Dylan; la versión que se escucha está interpretada por Kind Of Like Spitting, un grupo indie actual, aunque es muy respetuosa con el original. Yo no he hecho más que traducirla mal y joderla, como casi todo últimamente.)


De ningún lugar del mundo podré decir que es mío cuando ya me haya ido
Y no distinguiré lo bueno de lo incorrecto cuando ya me haya ido
No me encontrarás cantando esta canción cuando ya me haya ido
Así que supongo que tendré que hacerlo mientras estoy aquí

Ya no sentiré el fluir del tiempo cuando me haya ido
Los placeres del amor no serán míos, cuando ya me haya ido
De mi pluma no saldrá una canción más cuando ya me haya ido
Así que supongo que tendré que hacerlo mientras estoy aquí

No respiraré el vivificante aire cuando ya no esté aquí
Y ni siquiera podré preocuparme de lo que me importa, cuando ya no esté aquí
Ya nadie me pedirá que haga mi parte cuando ya no esté aquí
Así que imagino que tendré que hacerlo ahora que sí estoy

Ya no correré para esconderme de la lluvia cuando ya no este aquí
Y ni siquiera podré sentir dolor cuando ya no esté aquí
No podré decir quién merece alabanza y quién tiene la culpa cuando ya no esté aquí
Así que imagino que tendré que hacerlo ahora que sí estoy

No veré la luz dorada del sol cuando ya me haya ido
Y las tardes y las mañanas... serán solo una, cuando ya me haya ido
No podré cantar más fuerte que los cañones cuando ya me haya ido
Así que supongo que tendré que hacerlo mientras estoy aquí

Todos mis días ya no serán disfrutes cuando ya me haya ido
Y las arenas se esconderán de mi vista cuando ya me haya ido
No podré añadir mi nombre a la lucha cuando ya me haya ido
Así que supongo que tendré que hacerlo mientras estoy aquí

No me reiré de las mentiras, cuando ya no esté
Y no podré preguntar cómo o cuándo o por qué, cuando ya no esté
No podré vivir suficientemente orgulloso para morirme, cuando ya no esté
Así que supongo que tendré que hacerlo ahora que estoy aquí

De ningún lugar del mundo podré decir que es mío cuando me haya ido
Y no distinguiré lo bueno de lo incorrecto cuando ya me haya ido
No me encontrarás cantando esta canción cuando ya me haya ido

Así que supongo que tendré que hacerlo
Adivino que tendré que hacerlo
Creo que tendré que hacerlo ahora que estoy aquí





miércoles, octubre 25, 2006

Bruce

Es hoy. Hay concierto. Bruce. En mi casa, en mi ciudad. Voy a ir, a olvidarme, a ser otro, a dejarme llevar, a vivir. A bañarme en el río de piedad, a lavarme en el río de rock and roll. A salir fuera de este viejo pellejo, de esta alma rota.

Llévame, Bruce, llévame lejos de aquí. Transfórmame, dame unas alas nuevas, aunque sea por unas horas.

Como siempre haces.

Hasta ahora, compañero.

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Well the night's busting open
These two lanes will take us anywhere
We got one last chance to make it real
To trade in these wings on some wheels
Climb in back, Heaven's waiting on down the tracks

(Bruce Springsteen, Thunder Road)

(La noche se está abriendo y estos dos carriles nos llevarán a cualquier sitio que queramos. Tenemos una última oportunidad para hacerlo realidad, para cambiar estas alas por unas ruedas: vamos, sube atrás, el Cielo nos espera al final del camino)

domingo, octubre 22, 2006

Fin de la orgía

...y el mundo se acaba de derrumbar del todo. Ha terminado ahora mismo, todavía se oyen los ecos postremos apagándose. Y yo sigo aquí, aún en pie, con el último whisky en la mano, a medio beber, con cara de tonto y la música llorando bajo (Shenandoah).

Todo se derrumbó. Menos yo, que ya no tengo ni dónde caer.

Adiós.


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sábado, octubre 21, 2006

La música, el whisky, el mundo que se cae (orgía)

(sentido escuchando - metido dentro de - el disco We Shall Overcome, de Bruce Springsteen & the Seeger Sessions Band)

Tengo cerca un vaso de whisky, mezcla de grano y malta. El escocés no está para esto y sólo fue el primero. Y suena la Seeger Sessions Band y Bruce canta y Diego da palmas y baila por su cuenta, alegre, a su aire, antes de que yo me esconda. Y la música me va invadiendo el corazón a la vez que el whisky el cerebro, y los violines suenan y rasgan el aire y el banjo baila y el trombón salta y la tuba los empuja a todos hacia afuera. Es música folk, música gospel, canción protesta, balada, música para bailar. Es todo junto. Y desgarra mis entrañas y fluye y corre y brinca mientras todo mi mundo real se está hundiendo a mi alrededor - o así lo siento -. Y bebo más whisky.

"Fue un viaje de carnaval, el sonido de la sorpresa y por el puro placer de tocar. Música de la esquina de cualquier calle, música de salón, música de taberna, música de lo yermo, de la soledad, música de circo, música de iglesia, música vulgar"

Eso es lo que cuenta Bruce. Es lo que siento yo mientras escucho y mientras intento no llorar abrumado y no reír feliz a la vez, mientras no hace falta que intente sólo mirar ahí para no oír tantas cosas caer y romperse; no necesito intentarlo porque las notas me han levantado en vilo y me llevan en volandas hacia lo desconocido, hacia una tierra de sólo sentimientos, por descubrir, en la que no importa el equipaje que arrastre yo desde mi estación: todo eso queda en el tren y en él se va cuando éste abandona el apeadero dejándome allí.

Y los coros casi aúllan y el piano crepita; las trompetas danzan locas, el contrabajo nos mece a todos y el saxofón quiere hacernos el amor. El acordeón ríe a carcajadas mientras el órgano reza y yo bebo más whisky, con una sonrisa y - ahora sí - llorando, porque no sé si lo que escucho es la música, mi corazón desgañitándose para hacerse oír por encima, la sangre fluyendo por mis venas, el mundo derrumbándose o volviendo a nacer. Lloro hundido y soy feliz y siento ira y me estremezco y me desanimo y me deshago en gotitas de niebla ligera que una brisa desbanda y hace desaparecer.

Prefiero mil veces esconderme aquí, en este mundo imaginario... y tan real a la vez, porque realmente existe fuera y dentro de mí. Y éste no se cae. Sólo se oculta cuando no hay tiempo de encontrar los caminos hasta él, cuando la nieve y la bruma del trabajo y la vida cubren y disimulan los mojones que marcan los límites del sendero que lleva al mundo donde sólo se siente, al universo de la música y la poesía, al orbe del corazón y el whisky.

O sea, casi siempre.

Me sirvo otro. Y escribo esto también en directo, como se guardó la música que estoy escuchando, como (casi) todo lo que escribo. Es la única manera de que se guarde ahí también el corazón.

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La vida es más excitante que cualquier porro. Sólo hay que saber por dónde fumarla (esto se me vino a la cabeza sobrio; y mejor no meter al whisky en la ecuación. Al menos, no hoy, no más) (gracias, Ona)

sábado, octubre 14, 2006

Este instante

(escuchando Green River, de Elliott Murphy)

Para los que estamos fuera, para mí, es sólo la sobremesa de un sábado soleado. Es el primer sorbo de la taza de café aquí frente al ordenador y junto a la ventana, el segundo instante de tranquilidad saboreando el mediodía del sábado a la espera del resto del fin de semana. Para otro será sentado frente al televisor, viendo el telediario. Para otros más pequeños es uno más de sus intrascendentes instantes felices jugando sin ser conscientes del paso del tiempo.


Y en la calle, bajo mis pies, un frenazo. Y un golpe seco y brutal.

Para él sería quizá el momento de volver de un partido con sus amigos. Quizá el instante de dejar que su amigo Juan, si así se llama, le lleve a casa o, quizá, venían de tomar un blanco e iban a buscar otro en otra barra, en otro bar. Quizá Juan - si así se llama - sólo le estaba enseñando su coche nuevo o quizá era una más de las carreras por el barrio, por el circuito de las rotondas. En todo caso era un buen momento - o lo parecía - en un sábado soleado de otoño.

Pero salieron demasiado rápido de la rotonda. Pero Juan, si así se llama, no había visto el semáforo rojo a diez metros de la salida. Ni al coche parado esperando el verde. Ni él en este sábado soleado y tranquilo de octubre se había puesto el cinturón.

Y vino el frenazo. Y el golpe seco y brutal. Ahora los he visto desde la ventana. Todos están fuera ya, algunos doloridos, otros heridos, todos asustados. Todos están fuera ya salvo él, a quien no se atreven a sacar del coche. Ha llegado la policía y una ambulancia y todos miran y alguno llora y otros se retuercen las manos. Y Juan, si es que se llama así, no comprende nada desde sus veinte años y no deja de preguntarse cómo un sábado soleado y feliz de octubre podía estar la tragedia escondida esperando tras una curva, a la salida de una rotonda. Y él sigue inmóvil, con la cara sobre el salpicadero y nadie se atreve a sacarle.

Yo rezo poco, pero ahora rezo para que no sea éste el último instante que él recuerde como feliz, el último en el que pensó que podía levantarse y salir caminando por sus propios medios. Que no tenga que recordar este instante como el más incomprensible, injusto y traicionero de su vida, el primero que permaneció sentado para siempre, a sus veinte años.

Yo también tuve veinte años y, aunque no la merecí, bastante más suerte que él. O quizá no, ojalá. Quizá a él aún le quede suerte. Por eso rezo.

Era la sobremesa tranquila de un sábado. Ya no lo es.

Ponte el cinturón, por favor.

(esto no es un anuncio de la DGT, lamentablemente. Sólo el reflejo de una sensación provocada por algo que acaba de suceder en este sábado soleado y brutal)

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No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos (Herman Hesse) (Gracias por hacerme realmente "sentir" esta idea)

jueves, octubre 12, 2006

YGDN

(escuchando Cherub Rock, de Smashing Pumpkins)

¿Escribir la historia de Yagudin? ¿Y qué más? Como si el mundo no fuera ya lo suficientemente peligroso. No ve qué sentido tiene contribuir a empeorarlo. "¡Pero qué tiene eso que ver!", le dice Alice. ¡Pues sí, pequeña, sí que tiene que ver! Tiene que ver con el hecho de materializar pensamientos inconfesables. Tiene que ver con la idea de que la historia de Yagudin puede que oculte otra historia. Tiene que ver con adentrarse en determinadas regiones prohibidas. "¡Pero tendrás derecho a expresarte como quieras, digo yo!", replica Alice. ¡Pues no, pequeña, pues no! Y él conoce bien el derecho. Y también conoce las historias de Yagudin. Todas nacen en el interior de su cerebro. Hay algunas a las que se les puede permitir salir y que se les pueden contar a las niñas y otras que están mejor allí dentro. A veces resulta más prudente renunciar a uno mismo de manera espontánea. En todo caso, es mucho mejor que dejar que los otros tomen la iniciativa por ti.

Nid está en el salón, tumbado en el sofá. Es tarde. Está solo. Siente cómo le va invadiendo una angustia difusa. Mañana empieza septiembre. Tendrá que regresar a la facultad, retomar sus rutinas. Ya tiene la agenda llena. Lo primero que tiene es una entrevista con un estudiante, luego los exámenes, una clase de recuperación, inspección, correcciones, un congreso a final de mes. Tendrá que ponerse el traje y los zapatos nuevos que le ha comprado Alice. También tiene que ir al banco a solucionar el problema con las facturas. Llevar el ordenador a reparar, hacer copias nuevas de las llaves.

Volverá a ser él mismo, o al menos la superficie social con la que todos le identifican. Todo muy soso, muy aburrido, muy correcto y encorbatado.
(de Yagudin o la increíble historia del hombre de las manos agujereadas, de Philippe Ségur)

Ayer comí con una amiga, en su día compañera de estudios y ahora colega de profesión. Fueron un par de horas robadas al trabajo - en realidad cobradas del trabajo con retraso. El día era gris y frío - como era yo ayer - pero la comida agradable y la conversación y la compañía confortables como un sofá viejo. Charlamos de todo y de nada, del trabajo, de política, de nosotros, de los amigos vivos y de los muertos. Nos reímos y nos pusimos serios antes de volver a reir. Después nos despedimos y volvimos cada uno a nuestro trabajo.

Quizá me estoy escondiendo ahí últimamente. Sé que a veces tengo miedo de lo que siento: algo que no identifico, descatalogado y fuera de inventario, rompiéndose en mi interior; algo que no iba a ser capaz de reponer jamás. Sí, me asusto y quizá me escondo en el trabajo y en no parar de hacer cosas, en hacer ruido para no poder oir lo que siento. Y portarme así realmente me aisla pero me vuelve frío, superficial, me hace sentir vacío y solo. Y no estoy vacío ni solo.

Son ratos como el de ayer los que me rescatan en esos momentos, los que me dan valor para parar y buscar al Yagudin de mi interior para encararme con él, para charlar incluso, para invitar al monstruo asesino a un café. Y también algún pajarillo que se posa en mi hombro cuando estoy dormido - aunque pensaba que muerto - y ya ha salido el sol, y pía y se va dejando en el aire su canción y la sensación de que alguien a quien le importa ha venido a buscarme.

Estos cuatro renglones los escribí hace tiempo al pie de una carta para unos amigos y suyo es por tanto. Pero con su permiso me gustaría hacerlo extensivo a todos los demás que, con ellos, inundais mi corazón y sin los cuales sí me puedo sentir vacío. Gracias por llenarme de sentido, gracias por rescatarme de mis monstruos, gracias por darme la oportunidad que ser lo que verdaderamente soy. Nunca os vayais.


¿Y encontrar una palabra
, verbo que luzca y encienda las sombras,
que me lleve hasta vosotros...?


¡Cifra que encierre el secreto!


¿ Voz que acoja lo que siento ... todo?

...

¡Nada!


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(y esto sin drogarme. Ahora leo lo que he colgado aquí y me da vergüenza pero... ya estoy harto de borrar cosas, ya estoy harto de casi todo)

viernes, octubre 06, 2006

Derrotado

A veces uno se queda seco, consumido. Exhausto, extenuado, como muerto. Y el corazón a duras penas late e impulsa la sangre - más por inercia, por costumbre, que otra cosa. El cuerpo se rinde y se desploma, se derrama casi por los suelos. Y el espíritu se esconde y parece ausente, huído, retirado. A veces no quedan fuerzas para nada más que para seguir vivo apenas, con los sentidos entumecidos y el alma aletargada, aislado como el niño en la matriz, como la momia en su sudario, como la tripulación muerta de un submarino a la deriva.


...

Necesito respirar y revivir. Necesito descansar. O me secaré del todo.


(la fotografía es obra de xandert
, que sabe que está aquí, y está disponible en morguefile - conforme a los términos de uso previstos en su licencia)

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El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados (Albert Einstein)
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lunes, octubre 02, 2006

Luna:


- Luna, ¿por qué te escondes?
El Sol se va.
...
Luna, ¿por qué lloras?

- Qué más da

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No se ha llegado aún al colmo del dolor si quedan fuerzas para quejarse (Caballero de Bruix)
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domingo, octubre 01, 2006

¡Qué asco!

Me levanto con resaca de la fiesta de ayer. Un día entero rodeado de verdaderos amigos, algunos a los que no veía por mucho tiempo, por mucha distancia, celebrando y riendo y saltando y bailando. Resaca de alegría y abrazos y camaradería. Me ducho. Es fin de semana: no me afeito. Me meto en mis vaqueros y mi camisa de los domingos, que no es la más elegante sino la más suave y cómoda, una de algodón color malva que saco con vergüenza a la calle por lo gastada que está. Ya tiene la forma de mi cuerpo. Estoy seguro de que si la llamara con un silbido desde la cama acuduría a mí por sus propios medios desde el armario y ella sola me abrazaría y envolvería.

Por primera vez en años he tenido la mala suerte de comer con la tele encendida. He tenido que ver a Acebes y a Zapatero haciendo lo único que parece que saben hacer los políticos españoles: atacar y morder. Y dividir.

Los que se supone que representan a los que trabajamos fuera o dentro de casa, a los que estudiamos, a los que estamos jubilados, los que deben velar por nosotros españolitos de a pie que luchamos por vivir dignamente como personas, por ayudar a nuestros vecinos, a los que madrugamos cada día como verdaderos héroes para tratar de cumplir nuestra obligación - bien o mal, pero en todo caso de la mejor manera que sabemos -, a los que sólo queremos vivir en paz sin hacer daño y no estorbar a las sonrisas de los que nos rodean, a nosotros que sólo queremos de ellos que administren honradamente lo que a todos nos pertenece; esos representantes de las buenas gentes de España, digo, sólo buscan dividir y hacer hondas las heridas en lugar de curarlas o al menos dejarlas cicatrizar solas. ¿Eso es lo que queremos nosotros? ¿Para eso los tenemos ahí? Lamentablemente, para encontrar lo que nos separa no nos hacen falta ayudas.

Estoy harto de ellos. ¡Por mí pueden irse todos a la mierda!

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El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros (Ambrose Bierce)

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sábado, septiembre 30, 2006

Miedos, sonrisas y escalofríos

Anoche me he sentido solo, muy solo. A veces el corazón juega esas malas pasadas y uno sin saber cómo ni por qué aparece en un estado de ánimo a miles de años luz de donde posaba los pies unas horas antes. Fue un mal rato. Escribí algo. Aquí, en el mismo lugar que ocupan estas letras, hubo otras que intentaron ser una mano tendida al vacío pero que se sentían como si fueran un SOS que se pierde en el espacio exterior antes de que nadie lo reciba. Sí, escribí algo. Después, muy entrada la madrugada, me acosté y tengo consciencia - pero ningún recuerdo claro - de haber pasado la noche dando vueltas peleando con las sábanas, sudando en un duermevela incómodo y sientiéndome extranjero dentro de mi propio cuerpo.

Quizá me desnudé demasiado brutalmente anoche, quizá me avergoncé hoy. Esta mañana temprano cuando me levanté vine directo a este rincón y borré todo vestigio de la noche. Son palabras que se llevó el tiempo para siempre, una nube de letras que la brisa dispersó y no dejaron rastro. Pero sé que no sólo ha sido un mal sueño porque lo que no ha terminado de desaparecer es el regusto amargo de la noche pasada, un algo indefinible que me inquieta y me hacer temer la que se aproxima.

Dicen que al miedo, cantar. Y pienso yo que a la inquitud, sonrisas. Busco alguna en el cajón para compartirla contigo y recuerdo un diálogo que he mantenido con mi hijo mayor docenas de veces desde el primer y brutal escalofrío maravilloso que me hizo sentir una noche. Parece increíble porque él sólo tenía tres años o cuatro recién cumplidos (ahora tiene cinco) pero es real, tan real como mis miedos. Yo me había tumbado a su lado en su cama para "vigilarle" (como él dice) mientras dormía. Estaba hecho un ovillo dándome la espalda de cara a la pared. Esos días en el colegio habían estado aprendiendo los números. Esta fue, más o menos textualmente, nuestra conversación:

- Papá, ¿cuál es el número más grande?
- No hay "el número más grande", Diego. Siempre hay un número más grande
- ¿Por qué?
- Así son los números. Si tú dices un número yo siempre puedo decir uno más grande
- ¿Por qué?
- Porque siempre hay uno más. ¿Tú hasta qué número sabes contar?
- (orgulloso) ¡Sé hasta el cien! (eso decía él, alguna decena se le quedaba por el camino, claro)
-
Pues mira, si tú dices el cien yo digo el ciento uno. Y ya es más grande.
- ¿Y si digo el ciento uno?
- Pues yo digo el ciento dos
- Papá
- Qué
- ¿Y si digo el mil?
- Pues yo digo el mil uno. Venga, Diego, duérmete
... (segundos de silencio) ...
- Papá
- ¡Qué!
- ¿Cuál es el número más grande que sabes?
(ésta es una pregunta recurrente de Diego y mi respuesta es invariable)

- El cuatro mil trillones
- ¿Hay el cuatro mil ... "eso"... uno? (lo pregunta girándose hacia mí)
- Claro
- ¡Pues yo digo ese!
(yo le beso)
- Anda, Diego, hay que dormir
(se gira de nuevo y me da la espalda, acurrucado; pasan unos segundos más)
- Papá
- ¡Qué! (impaciente, casi enfadándome)
-
¿Siempre hay un número más grande, siempre?
- Si Diego, siempre. Siempre existe un número más grande todavía.
Diego se gira, me mira y me dice tendiéndome sus bracitos al cuello:
- Papá, pues yo te quiero más que el diez y más que el cien y más que el mil. Papá: pues yo te quiero tanto... ¡que no existe el número!

(en ese momento recuerdo sentir que por cada poro de mi piel se me escapaba el alma empapada de ternura, como se escapa el agua por los poros de una esponja mojada)

¿Qué tienen las noches, algunas noches, qué veneno esconden para hacer sentir soledad y amargura a alguien a quien cuida un ángel así?

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El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los niños (Graham Greene)

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